La Selección Sub-19 de Costa Rica hizo historia en 1989, cuando participó en su primera Copa Mundial Juvenil de la FIFA, que se disputó en Dammán, Arabia Saudí. Con una generación exitosa conocida como los "Carasucias", el equipo estuvo dirigido por el técnico Juan José Gaméz y capitaneado por la joven promesa, el defensor Rónald González. Le ganó 1-0 a Colombia y perdió 0-1 contra la Unión Soviética y 1-3 frente a Siria, para ocupar el puesto 14 entre 16 países participantes (fotos archivo de Rodrigo Calvo / arte de Mario Calvo Castro).

El gran éxito que alcanzó Costa Rica en el proceso hacia el Mundial Juvenil de Arabia Saudí 1989 fue producto de un proceso como equipo nacional de jóvenes con mucha ambición de trascender a nivel internacional, que venía desde la Selección Infantil de 1987 en Honduras. Hubo múltiples calamidades por desorganización, pero al final se recogieron grandes alegrías, inolvidables para el país.

De ahí lo acertado del sobrenombre de los “Carasucias” que le puso al equipo el periodista Gaetano Pandolfo Rímolo, enviado especial del diario La República en ese tiempo al Premundial de la Concacaf de 1988 en Guatemala, quien lo relacionó con el famoso pero joven equipo argentino que, en 1957, rompió mitos y ganó en Lima, Perú, el Campeonato Sudamericano de Fútbol -Copa América-, cuando superó grandes obstáculos y lograron el objetivo que se propusieron de trascender en el ámbito internacional.

La historia de esta exitosa Argentina fue parecida a la Tricolor tica, por la relación fraternal que prevaleció entre los futbolistas y los manejadores, el director técnico Juan José Gámez Rivera, y su asistente y preparador físico, Manrique Quesada Sandoval, quienes fueron los guías de los muchachos durante las giras, los partidos, los entrenamientos y las concentraciones lejos de sus familias de origen.

“Dada su experiencia y conocimientos, don Juan José y don Manrique se comportaron a la altura y no se cansaron de darnos buenos consejos. Eso se reflejó en mi caso, porque me casé de 18 años, antes del Mundial de Arabia Saudita, y don Juan José siempre me apoyó en ese momento, cuando me encontraba cursando el quinto año de secundaria”, describió el portero de ese seleccionado, Paul Mayorga, en una columna escrita para el diario La Nación en 1997.

Titanes del balón

El largo camino al Mundial en Asia comenzó en abril de 1987, con un 70 por ciento de la Selección Infantil que tuvo Edgar Sandoval. El español Juan Luis Hernández inició el reclutamiento, junto a Luis Perla Bonllla, Carlos Losilla, Manrique Quesada y Marvin Solano, y dejó el proceso encaminado, cuando tuvo que dejar al equipo por desacuerdos con la Federación y en su lugar llegó Juan José Gámez, en agosto de ese año.

El primer paso eliminatorio se superó con Honduras en una ronda previa, en febrero de 1988. La Tricolor viajó a San Pedro Sula y ganó por 2-1. Lo mismo sucedió aquí por 3-1, en San José. Sin embargo, el equipo no mostró el nivel deseado porque apenas iniciaba la preparación y no se había logrado conjuntar bien al grupo.

Para la eliminatoria regional en Guatemala, donde el equipo dejó una imagen triunfadora en todo momento, las expectativas del grupo no fueron muy grandes, debido a que no gozaban de muchos fogueos internacionales.

En el primer partido, la Juvenil venció a la de Jamaica por 3-0 y toda la Tricolor se motivó mucho por ganar jugando buen fútbol. El siguiente encuentro contra Trinidad y Tobago se complicó en la primera parte; surgieron muchas discusiones en el descanso, pero el grupo entró renovado y empató 1-1, con un gol de Danilo Brenes.

La prueba de fuego fue Estados Unidos y se rebasó por 1-0, cuando Austin Berry remató de cabeza y el portero norteamericano Kasey Keller no pudo desviarlo. A Guatemala la goleó 4-1 y la clasificación a la segunda fase se despejó para Costa Rica.

Hubo cambio de sede y se viajó hasta Mazatenango, una ciudad distante a la capital guatemalteca. Ahí se volvió a jugar contra Estados Unidos y se triunfó por 3-1, con lo cual aumentó el entusiasmo en la escuadra nacional. Se requería sólo un empate contra México –nuestro próximo rival– para ganar una de las dos plazas al Mundial.

“Gámez nos trabajó en el aspecto psicológico. Insistió mucho en que teníamos al árbitro en contra y que los mexicanos nos superaban físicamente, porque tenían gente pasada de edad –algo que se comprobó luego, por denuncias al respecto de la prensa mexicana que investigó la anomalía–; pero en este campo, nos ayudó que ya habíamos jugado fogueos con equipos de nuestra Primera División”, resaltó Paul Mayorga.

Aunque estaba consciente de que los aztecas eran difíciles, la Sele entró al partido con la mentalidad de ganar y sacó una ventaja mínima de 1-0 durante el primer tiempo. En un contragolpe, hubo una jugada de pared entre Hárold López y Danilo Brenes, para que Juan Carlos Arguedas lograra anotar con decisión, al anticiparse bien a la salida del arquero mexicano.

“Curiosamente, con ese gol, llegó el calvario”, continuó Mayorga en su relato. “Me parece aún oír las palabras de don Juan José, cuando en el receso nos advirtió que el árbitro nos va a sancionar un penal al principio del segundo tiempo, con el primer delantero mexicano que intentara ingresar al área”.

Y acertó el entrenador, porque así sucedió a los cinco minutos, de la complementaria. “Yo salí a detener un pelotazo y dicho y hecho: cuando la agarro, un jugador de ellos se tira y… penal a favor de México. Vino el lanzamiento de Sergio Almaguer –goleador del torneo– y la pelota fue a la derecha. Me lancé a ese lado y la rechacé con el pecho; pegó contra el suelo, entonces tomó altura y le volvió a caer al delantero… Me encontré tirado en el lado derecho y Almaguer remató al lado izquierdo, pero para su mala suerte, la bola pegó en el poste y salió. ¡Qué salvada!”, subrayó el guardameta costarricense en la misma columna.

Con el penal fallado por México, Costa Rica comenzó a ganar ese importante partido. Esa vez, el seleccionado tico se sintió más motivado en procura del boleto mundialista, cuando el público local –unos 15.000 espectadores– se volcó a favor de los juveniles ticos y empezó a gritar “¡ticos, ticos…!”.

México se desmoralizó por fallar el penal y vino una jugada de la Selección Nacional que los terminó de hundir, sicológicamente. Eusebio Montero presionó al defensor azteca Aurelio Rivera y éste se vio obligado a devolver la pelota al arquero. Nunca imaginó que cometería autogol, para que se produjera el 2-0 a favor de Costa Rica.

Y ya, cuando finalizaba el partido, con el ánimo al tope, llegó el tercer tanto costarricense. Un golazo de Juan Carlos Arguedas, que arrancó desde atrás en un contragolpe, y definió con categoría. Todo el plantel tico estuvo feliz: Se superó el mito de México, se mantuvo el invicto en el certamen regional, en el primer lugar y con el boleto asegurado al Mundial árabe, por primera vez en esta categoría.

El siguiente partido contra Cuba fue de trámite. El seleccionador Juan José Gámez puso a los suplentes para motivarlos y ganaron por 4-1. Una gran campaña de Costa Rica. La Juvenil alcanzó el primer lugar del área y, por ello, vibró por un recibimiento inolvidable en San José y las cabeceras de provincia del Área Metropolitana. “Mi gran orgullo fue exhibir mi trofeo como el mejor portero y el menos vencido del certamen”, recordó Paul Mayorga en 1997.

Un serio compromiso mundialista

Ya de cara al Mundial Sub-20 de Arabia Saudita 1989, el cuerpo técnico nacional trabajó con pesas para mejorar la potencia de los jugadores. El seleccionador Juan José Gámez y el preparador físico Quesada coincidieron en que, futbolísticamente, se podía dar la talla en Asia, pero el equipo requería superarse físicamente y, en ese aspecto, los preparó con acierto el japonés Isao Shimoda, especialista en el campo.

Tras ganarle con categoría a la Selección Mayor de Ecuador por 1-0, con un gol de Alexander Víquez, el cuadro nacional se adjudicó en forma invicta un torneo amistoso internacional en Miami, Florida, Estados Unidos, 2-1 frente al Corinthians de Brasil, 1-0 contra Colombia y 2-0 ante un equipo local. El goleador tico en esta gira fue su zaguero y capitán, Rónald González, con cuatro tantos anotados.

La Tricolor arribó al Mundial árabe, en la ciudad de Dammán, con una semana de anticipación. “Algo muy curioso que nos sucedió fue que nuestros familiares se confundieron al llamarnos por teléfono y nos preguntaban cómo nos iba ese día y nosotros, por la diferencia de horas, estábamos un día adelante”, revivió Paul Mayorga en 1997.

El cuerpo técnico de la Sele lo previó todo en la alimentación, pero el clima enredaba la planificación, porque no estaba calientísimo y, más bien, estaba fría, a 17 grados centígrados y a veces bajaba a 12 grados por la noche.

El debut tico en el primer juego fue contra Colombia, al que ya habían vencido por 1-0 en el torneo amistoso en Miami. Los colombianos creyeron que el duelo anterior fue un accidente del fútbol y que vencerían en el Mundial Juvenil. Pero la Sele le ganó por 1-0 en los minutos finales, con un golazo de tiro libre anotado por Rónald González, que no vio pasar el arquero cafetero Oscar Córdoba, quien años más tarde se convirtió en uno de los mejores de Sudamérica y del mundo.

Días después, en el partido contra la Unión Soviética, Costa Rica estuvo cerca de igualar 0-0, lo que hubiera dado el pasaporte a la segunda fase. Pero cuando faltaban seis minutos para terminar el partido, la Selección tica recibió un gol en contra y se perdió por 1-0.

En la acción, el lateral derecho Óscar Valverde perdió el balón por la derecha, el central Maximilian Peynado salió sobre el jugador soviético, Oleg Matveev, y Paul Mayorga buscó a achicar para que le llegara a sus manos. “Maxi metió la pierna entre mis manos y la bola le pegó en la punta de su zapato y me cambió de dirección. Recuerdo que se fue pegado al poste y entró; fue autogol”, lamentó Mayorga en el mismo artículo, aunque la FIFA le concedió el gol al soviético Matveev en el minuto 84.

En este encuentro, el zaguero central Rónald González recibió su segunda tarjeta amarilla y su ausencia en el juego decisivo contra Siria afectó el sistema defensivo costarricense, pues durante todos los encuentros había jugado de titular y el técnico Juan José Gámez nunca lo había modificado, ni había probado a un sustituto.

Los sirios se aprovecharon de eso, de la ausencia del capitán de la Selección Juvenil tica, y ganaron el tercer duelo por 3-1. “Nosotros no sabíamos que si perdíamos con un gol de diferencia, pasábamos a la segunda ronda y se estuvo cerca de lograrlo, porque en el minuto final Adrián Leandro falló un gol cantado frente a la portería de Siria. ¡Es una lástima!”, reseñó Paul Mayorga en su columna.

Este proceso de Costa Rica hacia el Mundial Juvenil de Arabia Saudita resultó exitoso, pues en 1988 se ganó por primera vez el título juvenil de la Concacaf en esta categoría y, a la vez, confirmó que se abordó con seriedad, sacrificio y planificación, al clasificarse por primera vez a una cita mundialista de la FIFA para menores de 20 años.

Finalmente, el equipo nacional ocupó el puesto 14 entre 16 seleccionados, en una Copa del Mundial Juvenil que fue ganado el 3 de marzo de 1989 por Portugal al vencer por 2-0 a Nigeria en la final en Ryad.

Todo sucedió hace 35 años hacia el Mundial Juvenil de la FIFA “Arabia Saudí 1989” y, sin duda, la proeza de la inolvidable y talentosa generación de los “Carasucias”, guiado por el técnico Juan José Gámez, forma parte de las mejores páginas de la historia del fútbol costarricense de todos los tiempos.

Plantel de Costa Rica en el Mundial Juvenil de Arabia Saudí 1989

Porteros: Paul Mayorga (Liga Deportiva Alajuelense) y José Francisco Porras (Club Sport Herediano).

Defensas: Oscar Valverde (Liga Deportiva Alajuelense), Orlando Sibaja (Club Sport Herediano), Rónald González (Club Sport Uruguay), Maximilian Peynado (Liga Deportiva Alajuelense), Austin Berry (Liga Deportiva Alajuelense) y Mauricio Vargas (Club Sport Herediano).

Mediocampistas: Hárold López (Liga Deportiva Alajuelense), Rolando Velásquez (Municipal Puntarenas), Juan Carlos Arguedas (Liga Deportiva Alajuelense), Eusebio Montero (Club Sport Herediano), Rónald Carraco Chaves (Municipal Puntarenas) y Eddy Picado (Deportivo Saprissa) (*).

Delanteros: Danilo Brenes (Municipal Puntarenas), Briance Villalobos (Club Sport Herediano), Alexander Víquez (Liga Deportiva Alajuelense), German Rodríguez (Asociación Deportiva Ramonense) y Juan Adrián Leandro (Club Sport Cartaginés).

Director técnico: Juan José Gámez.

Asistente técnico y preparador físico: Manrique Quesada.

Delegado de la Fedefútbol: Édgar Sandoval.

(*) Eddy Picado fue excluido de la nómina oficial de Costa Rica, al sufrir una lesión durante su estancia con la delegación tica en Arabia Saudí.

FUENTES CONSULTADAS: Informe técnico del V Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA “Arabia Saudí 1989”, editado por la FIFA en Zúrich, Suiza (1989); Fascículo 9 dedicado a las Selecciones Juveniles de Costa Rica, de la colección “Tiempos de Selección”, de Rodrigo Calvo Castro y editado por el diario “La Nación” (1997); Tomo 6 de las Selecciones Infantiles, Juveniles y Femeninas, de la colección “Huellas del Fútbol Tico”, de Rodrigo Calvo Castro y editado por “A y R Publicaciones Especiales” (1989); libro “Crónica del Centenario 1921-2021, Historia oficial de los primeros 100 años del fútbol federado de Costa Rica”, de la Federación Costarricense de Fútbol y escrito por José Antonio Pastor, Rodrigo Calvo, Gerardo Coto, Christian Sandoval y Randall Corella (2021); colección privada de la revista deportiva “Triunfo” y los diarios costarricenses “La Nación”, “La República” y “La Prensa Libre”. Fotografías: FIFA y archivo de Rodrigo Calvo.

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Rodrigo Calvo
Tiene 45 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Entre 2015 y 2017 intervino en el sitio digital "Cronica.cr", y luego desde febrero del 2018 dirige la página web "Buzón de Rodrigo.com". Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1994 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).