Maestro de muchos y ejemplo de todos. Ligado a un pasado de gloria y a un presente de enseñanza. En la cancha, ducho con el balón y artesano del equipo; y, en el banquillo, maestro de la estrategia y de la formación de futbolistas.
Esto y mucho más fue Juan José Gámez Rivera, la inolvidable Hormiguita Manuda, fallecido el 25 de setiembre de 1997 a los 58 años de edad, de los cuales dedicó 50 al deporte, actividad en la que se distinguió como un personaje noble, de gran corazón y nada rencoroso.
Puntarenense de nacimiento, pero alajuelense de corazón, Gámez se ganó la admiración de todo el país porque fue un auténtico profesional del futbol, que consolidó su alta clase como jugador de grandes jornadas -uno de los más sobresalientes volantes de la historia- y luego famoso entrenador, mentor de estrellas.
“Su labor empeñosa en todos los rincones de una cancha, su pundonor deportivo y su gran calidad de futbolista, hicieron que se le conociera con el mote de la Hormiguita Manuda… un inmortal del futbol”, explicó el historiador alajuelense Armando Mórux Sancho.
Vida agitada de un obrero de la cancha
Nacido el 8 de julio de 1939 en Puntarenas, este obrero del futbol comenzó a corta edad a sufrir los embates del destino. Tenía dos años y su madre murió, por lo que tuvo necesidad de separarse de su padre.
Su abuela paterna, Juanita Solano, se lo llevó a vivir a la casa de una tía, María Rosa Gámez, en Golfito, localidad en la que permaneció por diez años.
Allí comenzó a dar sus primeros pasos en el futbol. Aparte de estudiar en la escuela de Golfito, laboró como repatidor de periódicos, asistente de golfistas en la llamada zona americana y colocador de pines a los bolichistas en el Club Latino.
Sus ratos libres, los dedicaba a patear pelotas de cuero, trapos, papel o tripa de chancho. Jugaba descalzo, con sus pies ensangrentados y llenos de moretes, y con una camisa sin botones porque los apostaba jugando trompo y bolinchas.
Su primer equipo fue el Bella Vista, de categoría minimosco, que dirigía el desaparecido periodista Angel Sánchez Torres. Juan José tenía entonces ocho años. Luego militó en el representativo de la escuela, con el que ganó el campeonato estudiantil de la zona sur.
Salido de las canchas abiertas, en el puesto de siempre (mediocampista), se trasladó a estudiar al Colegio Salesiano Don Bosco, en Zapote, y de ahí saltó al juvenil de la Unión Deportiva Tibaseña, en 1958, donde recibió sólo elogios.
Un año después, cuando jugaba en la Primera División de ascenso, fue convocado a su primera selección aficionada, para participar en los Juegos Panamericanos de 1959 en Chicago, Estados Unidos. Ahí el equipo no fue grande, pero él si se llevó las palmas por su categoría.
Y, como prueba de su marcada superación personal, la Liga Deportiva Alajuelense adquirió su ficha al club tibaseño en noviembre de 1959, por la suma de ¢3.000, la misma cifra que se les pagó a los prometedores Oldemar Gato Bolaños, Carlos Manuel Chemín Ramos y Guillermo Tierra Acuña, figuras de las justas de Chicago 1959.
Exitoso en el terreno de juego y en el banquillo
A partir de entonces, los éxitos y la madurez le llegaron muy rápido. Una gira mundial, cetros con su club y el seleccionado en torneos nacionales y regionales, además de una categoría que le valió el honor de portar el gafete de capitán.
Gámez se mantuvo como jugador activo, por 15 años (1960 a 1974). Su salario mensual fue ¢300 cuando empezó y ¢700 cuando se retiró. Sin embargo, su brillante época no fue generosa en lo económico, pero sí en alegrías en el campo.
De su incansable juego cerebral, muchas veces salieron los pases-gol que sustentaron la fama de Errol Daniels y Juan Ulloa, producto de la magia de un mediocampista completo, según Carlos Watson, quien fue su rival en muchas fechas.
“Si quieren conocer cómo jugaba, piensen en un Oscar Ramírez en su mejor época, pero con más pase-gol, corriendo por toda la cancha, con la cabeza arriba y un excelente manejo del equipo. Un líder, pero con mayor habilidad en el último tercio de cancha”, recordó Watson.
Experimentado hasta la saciedad, comenzó a recorrer en 1974, con las promesas liguistas, el mundo de los técnicos. Gámez lo comprendió bien al formarse seis meses en Brasil, para luego repartir sabiduría con el paso de los años.
“El futbolista es un intelectual. Es el intérprete del futbol. No necesita ser universitario para jugar bien. Yo creo que el balompié juega el que sabe, no el que quiere”, fue parte de su postulado, que expresó Jota Jota a La Nación en 1993, como si estuviera hablando de sí mismo.
La Liga, Cartaginés, Curridabat, Generaleña, Pérez Zeledón, la Selección Mayor y la Juvenil, representaron su largo episodio en el banquillo. Con los brumosos fue a la gloria, en 1983, e igual pasó cinco años después con los Carasucias de Guatemala y Arabia Saudí, encabezados por su capitán Rónald González, Juan Carlos Arguedas, Danilo Brenes, Austin Berry, Maximilian Peynado, Rónald Carraco Chaves y Paul Mayorga.
En esos dos momentos, su álbum de la vida fue muy feliz. Se le vio sonreír. No hay duda de ello, porque Juan José Gámez fue en esos acontecimientos maestro de muchos y ejemplo de todos.
Ficha técnica de La hormiguita Manuda: Juan José Gámez
Nacimiento: 8 de julio de 1939, en Puntarenas.
Fallecimiento: 25 de setiembre de 1997, a la edad de 58 años, en San Isidro de El General, Pérez Zeledón, San José.
Sobrenombres: Hormiguita Manuda, Pipo y Jota Jota.
Padres: Juan Gámez Solano y Ernestina Rivera Montenegro.
Estado civil: Estuvo casado con Telly García Montiel. Tuvo cinco hijos: Juan Carlos, Alcira María, José Alejandro, Luis Diego y Gustavo Adolfo.
Carrera como jugador: Militó en la Liga Deportiva Alajuelense, por 15 temporadas, entre 1960 y 1974. Participó en la gira mundial de la institución rojinegra (1960). Actuó en la mayor parte de las Selecciones Nacionales que se integraron entre 1960 y 1970, período en el que anotó siete goles y actuó en 45 partidos internacionales de clase A.
Alegrías en el terreno de juego: Cuatro veces campeón con la Liga Deportiva Alajuelense (1960, 1966, 1970 y 1971). Con la Selección de Costa Rica fue bicampeón centroamericano y del Caribe (1960 y 1961) y monarca del I NORCECA de Naciones (1963).
Trayectoria como entrenador: Liga Deportiva Alajuelense (1974-76 y 1989-91), Club Sport Cartaginés (1982-86 y 1996-97), Municipal Curridabat (1987), Asociación Deportiva Generaleña (1991), Municipal Pérez Zeledón (1992-96) y las Selecciones de Costa Rica a nivel mayor (1976 y 1993) y juvenil (1987-1989). Asistente técnico en Alajuelense, en la época de Iván Mraz y Millan Kollar (1979-1981), y Cartaginés (1996-1997), donde dirigió, además, las ligas menores. Y fungió como Supervisor de Selecciones Menores, de enero a junio de 1997.
Hitos históricos: Alcanzó, en el banquillo, el primer campeonato con el Club Sport Cartaginés en 43 años, cuando ganó el cetro de la Segunda División en 1983. También obtuvo en 1988 el primer título juvenil de la Selección de Costa Rica en la Concacaf, que le permitió al país -bajo su mando- participar por primera vez en un Mundial Sub-20 de la FIFA en 1989, celebrado en Arabia Saudita.
FUENTES CONSULTADAS: Diario La Nación (Costa Rica).























