
Revista “France Football” (1990): ‘BORA’, CUATRO AÑOS DESPUÉS
“Al igual que hace cuatro años en México 1986, Velibor Bora Milutinovic no pasó desapercibido. Recibió un honor de primera clase, a pesar de que la Costa Rica de Hernán Medford perdió ante la Checoslovaquia de Chovanec. En el mundillo de los entrenadores, la “seriedad” es un mal que impera. Felizmente, esa seriedad no ha alcanzado aún a Bora Milutinovic, hombre que sabe vivir alegremente. Sin embargo, el verdadero motivo de su felicidad no es precisamente un balón…” . (Bajada del artículo de la revista “France Football”, editado el 26 de junio de 1990)

Por: FRANCIS HUERTAS, periodista de la revista deportiva “France Football” (Francia), enviado especial a Italia (*)
Ciudad de México. Debut mundialista 1986. En su apartamento residencial en el Distrito Federal, Velibor Milutinovic –Bora para todo el mundo-, entre trago y trago de café, cuenta la historia más importante de su vida. No es una historia de fútbol. Es, casi, una loca historia…
Bora se acomoda bien en el sillón. Mira a su esposa María del Carmen… Desde hace varios años hemos tratado de tener familia. Un hijo. Visitamos a gran cantidad de especialistas, pero no había nada que hacer. Habíamos aceptado la idea de que jamás podríamos vivir la alegría de convertirnos en madre y padre sin pasar por la adopción. Hace unos meses, una vez más como es costumbre, invitamos a unos amigos a almorzar. Uno de ellos, sin saber nada de nuestro infortunio, quizás hasta como un juego, quiso leernos el porvenir, mientras saboreábamos una taza de café. “María, muy pronto, vas a tener un hijo…”. Dos meses después, María quedaba encinta.
Darinka, la hija de María del Carmen y Velibor, ya tiene cuatro años –hoy tiene 39–. Nació en pleno mundial mexicano. Desde ese momento, Bora Milutinovic se juró a sí mismo no enfadarse jamás por nada…
UNA VIDA DE GITANO…
Cuando se nace en Yugoslavia hace aproximadamente medio siglo, el mejor medio de recorrer el mundo es haciéndose futbolista.
En 1960, Bora lleva la casaca del Partizán de Belgrado. Incluso va a jugar la final europea contra el Real Madrid. Una lesión se lo impide. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. Le llega un contrato desde Francia, hace las valijas y se va a Mónaco, Niza y Rouen, lugares en los que destaca por sus cualidades de realizador. Termina en Francia y se va a Suiza, al Winterthur.
Un año después, atraviesa el océano y llega a América, donde el fútbol es pasión. Recala por esas cosas de la vida en México y se encuentra en los años 70 ante un país donde el fútbol es parte de la vida del mexicano.
Juega en el equipo de los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tres años después se convierte en su entrenador. Se forja un historial rápidamente: en cinco años, gana tres campeonatos nacionales, tres copas de campeón de la Concacaf y otros títulos más…
En 1982 es designado seleccionador nacional, ya que México quiere preparar todo bien para su Campeonato Mundial en 1986. Tiene cuatro años por delante y 60 partidos amistosos para hacer un equipo de fútbol que compita en el Mundial. Que llegue hasta los cuartos de final.
Bora hace un buen equipo y a pesar de Manuel Negrete y Tomás Boy, forma un cuadro realista. Prudente. Esto le costará la eliminación ante Alemania Occidental, por tiros de penal, en los cuartos de final.
Sin embargo, en Argentina e Italia, los presidentes de los clubes no conocen forzosamente el fútbol mexicano. Entonces Bora, después de haber saboreado los primeros momentos de su hija Darinka, hace las maletas de nuevo y se va a Argentina. Es el nuevo entrenador de San Lorenzo de Almagro. Sin embargo, el nuevo contrato no llega ni a estrenarlo y después de algunas semanas regresa a su casa, sin cobrar un solo peso…
Bora no se preocupa. Hace de nuevo las valijas y se va a Italia. Al Udine. Sesenta días de trabajo, cuatro partidos y cuatro derrotas. Inmediatamente, le remueven del cargo.

ALÓ, AQUÍ SAN JOSE…
Vuelve a México a ver crecer a Darinka y a esperar cualquier llamada telefónica. Bora no tiene ninguna necesidad. “Es verdad, soy rico…”, dice sonriendo. “Soy un ciudadano del mundo, un hombre que se jacta de tener un amigo en cada país…”.
Y la llamada llega cuando menos lo espera. Tres meses antes de la iniciación del Mundial italiano. A la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol), acaban de darle un golpe de estado (al técnico Marvin Rodríguez) y al presidente hasta entonces en el poder (Longino Soto) le echan. El recién llegado, el empresario Isaac Sasso, quien contactó en vano con Omar Sívori y César Luis Menotti, hace su elección definitiva: Bora Milutinovic.
Este último no conoce Costa Rica. No conoce nada de sus 2.7 millones de habitantes, de los 60 equipos o de sus 7.000 jugadores. Sin embargo, el Mundial es una oportunidad para llamar la atención del mundo futbolístico. Y Bora, acepta…
El yugoslavo-mexicano arriba a San José. Tiene tres meses para formar un equipo. Su trabajo comienza con decisiones que causan expectación en el medio; echa a varias figuras consagradas y las reemplaza por desconocidos, algunos de los cuales no son ni titulares en sus respectivos equipos. Entonces, poco antes del 8 de junio de 1990, fecha del inicio del Campeonato del Mundo, anuncia: “Nuestra meta es no hacer el ridículo como lo hizo El Salvador en el Mundial de España ’82”.
¿Sinceridad o algo más…?
La pregunta queda sin respuesta formal. Lo que sí es verdad es que dividió a la opinión pública con sus decisiones. Bora, eso es verdad, creyó que 12 semanas eran suficientes. “Habría preferido seis meses para hacer un buen trabajo”. Sin embargo, esa es su promesa, no tiene tiempo para enfadarse. Observa a los jugadores elegidos, ve en algunos de ellos buenas cualidades y cree que puede convertir a Costa Rica de víctima propiciatoria en un equipo festivo…
Las debilidades de Escocia y Suecia podrían darle un golpe de suerte a su trabajo, así como el buen momento del portero titular, Luis Gabelo Conejo. En tres meses de trabajo, Bora sienta sus primeras bases en la formación de un equipo defensivo, aunque sin olvidar la creatividad innata de sus jugadores.
Costa Rica practica el clásico “cerrojo”. Esto podría proporcionarle dos empates, dos puntos…Sin embargo, la realidad es otra y la eliminación honorable se transforma en clasificación gloriosa a la segunda ronda de los octavos de final.
Para los jugadores nacionales, el Mundial ’90 no tiene más que una referencia: Brasil, el equipo ídolo que es seguido por todos los habitantes costarricenses. Pero hay más, aquel taquito de Claudio Jara y el gol de Juan Cayasso ante Escocia (1-0). O, la última media hora ante el nórdico equipo sueco, al que se desborda con facilidad pasmosa (2-1)…
Bora, ¿aprendió la lección de México en 1986? Quizá esto se pueda pensar. Hace cuatro años, Bora jamás se atrevió a arriesgar nada ante la potente Alemania Occidental. Los tiros de penal decidieron la permanencia en el Campeonato Mundial…
Antes de partir hacia México, el 30 de junio de 1990, el técnico Bora Milutinovic, guía y gestor de este brillo de Costa Rica en Italia, definió su éxito en una declaración simple: “Siempre tuvimos fe en que podríamos darle alegría a este pueblo y una sorpresa”. Pero, como es su grandeza, es su humildad. “Esto es sólo mérito de los muchachos. Ellos se entregaron y lo dieron todo”.

“El secreto de esta extraordinaria actuación está en que todos pusieron el mayor esfuerzo, se trabajó pensando que era importante lo que se iba a hacer y que se podía competir con alegría, pensando que cuando se hace una cosa con alegría, se consiguen muchas cosas más”.
“Ellos, los 22 escogidos, fueron la clave del éxito, porque pusieron disciplina, entrega y esfuerzo. Yo sólo cambié su mentalidad para que ellos jugaran sin presión, como saben hacerlo”.
“Hay muchas cosas en el fútbol que son difíciles de explicar. Lo que hizo Costa Rica está fuera de lo ordinario, ya que sólo se trabajó un poco más de dos meses, aunque la experiencia de Luis Gabelo Conejo, Mauricio Montero y Héctor Marchena, quienes jugaron sin ninguna presión, fue un factor muy importante”.
“No tuve problemas para conocer a los jugadores costarricenses, pues había seguido por la televisión todos los encuentros de clasificación. Tenía una idea general de cómo se desempeñaban los jugadores. En mi mente tenía el concepto de cuál era el sistema que deberíamos utilizar en el Mundial de Italia”.
“Este triunfo con Costa Rica -afirmó Bora– me llenó más de orgullo que lo que hice con México. Es cierto que son etapas diferentes, pero lo que logré con Costa Rica es único en la historia de los Mundiales… Hay que tomar en cuenta que el roce internacional que tiene este fútbol es muy poco y cuando lo hace es con equipos de su mismo nivel. De ahí la imperiosa necesidad de confrontaciones con otros niveles, suramericanos o europeos… sólo así se aprende”.
“En Costa Rica hay gente capaz, jugadores que pueden actuar en otras latitudes, pero se necesita organización. Se demostró en Italia. Costa Rica jugó un buen fútbol; creo que no podrán ahora decir que el fútbol que exhibió Costa Rica es artesanal, porque entonces adónde ubicarían a Suecia, Escocia, Colombia, Uruguay y la misma Unión Soviética, potencia que no pasó ni a segunda ronda. Esto hay que aprovecharlo, pero primero hay que organizarse”.
Ahora, Bora cambia la escena y lanza al veloz Hernán Medford, su mejor atacante, el jugador que inexplicablemente guarda en la banca de los suplentes. Sólo Bora sabe por qué lo hace. ¿Es un sabio o un malintencionado…?
Bora lo explica después, de esta manera: “Medford es un jugador que no puede jugar todo un encuentro. Él tiene solamente media hora de velocidad”.
Bora merece parte de este éxito de Costa Rica. Así lo proclama gran parte de la prensa costarricense. Hoy día, en el mundo del fútbol, se le considera una especie de “mago”. Tiene gran mérito, al menos el que nadie le niega: haber formado una selección que en Italia’90 fue considerada como una de las más alegres fuera del terreno de juego, al mismo tiempo que una de las más eficaces dentro del rectángulo. Sin duda, de todas las selecciones del Mundial Italia ’90, la de Costa Rica fue la más agradable en su forma de vivir, de comportarse…
En fin, la aventura costarricense en el Mundial italiano, que nadie pudo haber previsto, ni siquiera los más amigos, en forma de curiosa charla, se desgrana alrededor de una taza de café en la mansión de Bora Milutinovic. Y éste, recuerda, que su hija Darinka, por la que jamás se enfada, le vio una vez en la pantalla chica con ocasión del Mundial. Entonces, llamándole por teléfono, le dijo: “Papi, te he visto en la ‘tele’, ¿cuándo regresas?”.
(*) Artículo de la prestigiosa revista francesa “France Football”, de Francia, incluido dentro de en un balance del Grupo C del Mundial de Italia ’90, que apareció en la página 28 de la edición N° 2307 y que fue publicado el 26 de junio de 1990. “France Football” es una legendaria publicación fundada hace casi 80 años, en 1946, con un reporte de periodismo deportivo que, en el 2020, pasó de ser semanal a mensual. Aparecen informaciones y reportajes sobre el fútbol mundial, con especial cobertura a las más importantes ligas europeas (Premier League inglesa, La Liga española, Serie A italiana, Bundesliga alemana y Ligue 1 francesa). Su oficina central se encuentra en París, Francia. Desde 1956, hace casi siete décadas, entrega el popular premio anual “Balón de Oro” al “mejor futbolista del mundo”. TRADUCCIÓN: El periodista Manuel Fernández-Cuesta (q.d.D.g.).

Vivencias de “Bora” Milutinovic con la Tricolor en Italia ’90






























Velibor “Bora” Milutinovic, el trotamundos hacedor de milagros
Velibor Bora Milutinovic nació hace 80 años, el 7 de setiembre de 1944, en Bajina Basta, República de Serbia (Yugoslavia), un pequeño pueblito cerca de Sarajevo. Junto a sus cuatro hermanos y su hermana, perdió a sus padres al final de la Segunda Guerra Mundial. Después de diez años, ellos vivieron con un tío en la ciudad de Bor, en Serbia, antes de marcharse a Belgrado.
El Partizán de Belgrado fue, en 1956, el primer hito de su carrera como jugador, cuando apenas contaba con 12 años. Es uno de los tres famosos hermanos Milutinovic que actuaron para ese club; los otros fueron los zagueros internacionales Milos y Milorad, quienes jugaron juntos en el seleccionado yugoslavo que actuó en el Campeonato Mundial de 1958, en Suecia; Milos es todavía muy recordado: estuvo también en el Mundial de Suiza 1954 y fue el autor del primer gol de ese torneo, además fungió como entrenador de Yugoslavia en las eliminatorias del Mundial de México ’86.
Las malas lenguas coincidieron después que Bora es mejor como técnico que como jugador, pero tuvo su trayectoria. Durante su participación como mediocampista hasta 1968, el equipo Partizán se consagró cuatro veces campeón nacional (campañas 1960-1961, 1961-1962, 1962-1963 y 1964-1965) y ganó una Copa yugoslava en 1957. Además, Velibor fue seleccionado olímpico de Yugoslavia en 1964 y elegido para el equipo nacional mayor de su país en 1966.
Cuando alcanzó el límite de edad fijado por la Asociación Yugoslava de Fútbol para que sus jugadores dejaran la nación, Milutinovic se fue a Francia, en el año 1967, y jugó sucesivamente para el Mónaco, Niza y Rouen. Después, actuó un corto tiempo en Suiza con el FC Winthertur.
En 1972, Milutinovic partió a México para integrarse en el club de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), más conocido bajo el nombre de “Pumas”, con el cual ganó, al poco tiempo, el título de campeón nacional. El final de su carrera como jugador, en la temporada 1975-1976, significó al mismo tiempo el comienzo de una trayectoria muy exitosa como entrenador en el mismo club. Mientras trabajaba en las fuerzas inferiores de la UNAM, lo nombraron provisionalmente director técnico en reemplazo del húngaro Arpad Fekete en el torneo 1977-1978, siendo ratificado en su cargo el 16 de agosto de 1977.
Después de dos títulos de vicecampeón, en el tercer año de su actividad, se proclamó campeón nacional mexicano. En la temporada siguiente, en 1980, logró con su equipo conquistar la Copa de Campeones de Clubes de la Concacaf y el título de la Copa Interamericana ganado al Nacional de Uruguay, en la final disputada en Los Ángeles, California, Estados Unidos.
Luego de que México fracasara en su clasificación para la Copa Mundial 1982, Bora fue encargado, en enero de 1983, de formar una potente escuadra para el Mundial 1986, cosa que logró con gran resultado, ya que la selección azteca llegó hasta los cuartos de final y concluyó en la sexta posición, el mayor logro de México en toda su historia. Este gran mérito lo alcanzó con ocho jugadores que, años antes, hizo debutar en la UNAM: Hugo Sánchez, Manuel Negrete, Luis Flores, Raúl Servín, Félix Cruz, Rafael Amador, Miguel España y Olaf Heredia.
Con las mismas exigencias, pero con un plazo de preparación muchísimo más corto, Bora Milutinovic asumió la Selección de Costa Rica un poco menos de tres meses de preparación antes del comienzo del Mundial 1990 y realizó un “trabajo milagroso” -como lo llamaron algunos expertos del fútbol-, para alcanzar la hazaña increíble de clasificarla a la segunda ronda de los octavos de final.
Posteriormente, en reemplazo de Bob Gansler, fue nombrado entrenador de Estados Unidos el 27 de marzo de 1991, con vistas a la Copa Mundial de 1994, en que fungió como país organizador.
Anteriormente al ’94 sirvió como entrenador para el San Lorenzo de Almagro (Argentina) y el Udinese de Italia, así como como el director deportivo en el Veracruz azteca. Tras aquel Campeonato del Mundo de 1994 con Estados Unidos, Milutinovic entrenaría a los seleccionados de México, Nigeria, China, Honduras, Catar, Jamaica e Irak. Este fue su último desafío como director técnico y se presentó el 2009 con banquillo del entonces campeón de Asia, para intervenir en la Copa Confederaciones de la FIFA en Sudáfrica.
Domina en forma fluida varios lenguajes, incluyendo inglés, español, francés, italiano y serbocroata (lengua eslava meridional que se habla en Serbia, Croacia y otras regiones de Yugoslavia). Su jugador favorito es su hermano Milos, “el mejor jugador se he visto”, piensa Bora.
Su esposa es la mexicana, María del Carmen Méndez, de raíces en Jalisco, Guadalajara; y su hija Darinka, el nombre de la ya fallecida madre del entrenador serbio, que hoy tiene 39 años de edad. Ambas residen en Ciudad de México.
Por su parte, Bora vive entre México y Catar, este último destino al ser contratado como asesor deportivo de la Federación Catarí de Fútbol, primero como embajador de la Copa del Mundo que se jugó en el país asiático en el 2022, y también para impulsar el desarrollo en los nuevos talentos a través de la Academia Aspire de Fútbol.
Tiene gran afición por el ajedrez, y cuando trabajó en China llegó a jugar una partida con la ajedrecista Zhu Chen, quien fue campeona mundial del llamado “deporte ciencia”. Bora recuerda que jugó la partida con las piezas negras y fue destrozado por la monarca mundialista china. Como el ajedrez sigue siendo otra de sus pasiones, siempre lleva consigo a cualquier parte que viaje un pequeño tablero, por si hay oportunidad de jugar alguna partida.
Es conocido mundialmente porque también le apasiona el tenis y no es raro verlo en las tribunas del Roland Garros de París, el Abierto de los Estados Unidos en Nueva York, o Wimbledon en Inglaterra, disfrutando los partidos, el cariño y reconocimiento de la gente.
Como futbolista o entrenador, la vida lo llevó a vivir en Yugoslavia, Italia, Francia, Suiza, México, Argentina, Estados Unidos, Nigeria, Costa Rica, Honduras, Jamaica, China y ahora en Catar. Sin duda, Velibor Bora Milutinovic es un auténtico trotamundos y ciudadano del orbe.
Trayectoria de Velibor “Bora” Milutinovic en imágenes
















FUENTES CONSULTADAS: Libro “Aventura Tricolor: Mundial Italia ’90; Historia de la Selección Nacional de Fútbol de Costa Rica”, de Rodrigo Calvo y Mayela Solano (1993); las revistas deportivas “Triunfo” (Costa Rica) y “France Football”, de París, Francia (1990); los blogs “El mundo de Bora”, redactado por Héctor García en el 2019 (https://es.coachesvoice.com/),p y “Kissinger, USA ‘94 y un serbio en Bagdad”, escrito por Daniel González en el 2021 (https://futboloblicuo.com); y sitio web “Buzón de Rodrigo”. YouTube: Capítulo 93 de El RePortero, a cargo del exfutbolista y youtuber mexicano Yosgart Gutiérrez. Fotografías: Diarios “La Nación” y “La República” (Costa Rica); revistas deportivas “Triunfo” (Costa Rica) y “France Football” (Francia), Agence France-Presse (AFP), Wikimedia Commons y archivo de Rodrigo Calvo.
























