Costa Rica llegó hace tres décadas física, táctica y mentalmente bien preparada para el partido de debut en el Mundial de Italia '90 contra Escocia, al que derrotó 1-0 en Génova, Italia. El capitán Róger Flores lo atribuye al sacrificio del equipo y al trabajo minucioso del técnico Velibor "Bora" Milutinovic (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Por Róger Flores Solano (*)

Ser capitán de la Selección Nacional de Fútbol significó para mí lo mismo en el Mundial que antes de que éste comenzara. Fue la misma función. Velibor Bora Milutinovic nunca me designó capitán. Él partió de lo que se encontró. Cuando llegó a Costa Rica me llamó y hablamos en la Fedefútbol sobre diferentes aspectos del equipo cuyas riendas él iba a asumir.

Esto jamás lo comenté con mis compañeros, e incluso creo que yo fui el primero en ser enterado por él sobre el hecho de que el portero de la Liga, Alejandro González, no continuaría con nosotros, porque el portero le había dicho al técnico que no se sentía bien.

Creo que él (Bora) encontró en mí a alguien que le podía ayudar a mantener al grupo homogéneo. Eso fue importante para mí, porque aquí había gente que lo quería quitar a uno, que decía “esto”, que lo “otro”, montones de cosas, no sé… Lo fundamental es que mi vida ha sido igual, siendo o no capitán.

Róger Flores (derecha) le da mucho crédito al trabajo minucioso que emprendió hace 30 años el técnico Velibor “Bora” Milutinovic (izquierda) al frente de la Tricolor en el Mundial de Italia 1990. Aquí cuando ambos firmaban autógrafos a los aficionados al regresar al país, el 28 de junio de ese año en el antiguo Estadio Nacional (foto archivo de Rodrigo Calvo).

He trabajado siempre por una meta, por un ideal y ya se cumplió todo lo que he querido a nivel futbolístico, pero gracias al sacrificio y al trabajo. De otra manera, no se hubiera conseguido nada. Hay gente que hace caso de habladas, chismes y otras muchas cosas, tratando de ejercer influencia, pero si algo tuvo y tiene Bora –y creo que no lo va a perder nunca– es que se trata de un hombre de una sola idea y la desarrolla y es firme, aunque le caigan todas las críticas encima. Siempre se mantiene. Él creyó en todos nosotros.

Cuando jugamos la Copa Marlboro en Chicago, Estados Unidos y en la gira previa a Europa, Bora quería nada más ver a los jugadores, cómo se desenvolvían. Pero en las noches siempre andaba con unos casetes de video sobre Escocia y yo creo que siempre los veía, siempre les sacaba más información y nos fue metiendo esa idea de juego.

Hubo momentos, sin embargo, en que German Chavarría decía “estoy confundido, no sé lo que quiere”, Oscar (Ramírez) igual, lo mismo que Montero (Mauricio) y que yo. Eran los pequeños detalles sobre los que insistía, con miras a lo que había visto y conocía de Escocia… A la hora de la verdad, en el partido contra los escoceses, todo salió bien.

A pocos días de ese partido la tensión se manifestó entre nosotros de diferente manera. A unos les dio por hablar más de la cuenta; a otros, por no permitir que se les dijera nada, porque se ponían “Juan Chichas”, como le decimos nosotros a ese estado de ánimo.  Son cosas increíbles y uno que tiene años de estar en esto las detecta y el entrenador, con mayor razón.

Primer juego: 1-0 a Escocia

Cuando asimilamos todos los conceptos de Bora, superada las confusiones de Óscar Ramírez y German Chavarría –quienes fueron los que más lo sintieron–, él nos inculcó que el Mundial era algo bonito e importante, que si nosotros hacíamos esos pequeños ajustes a nuestras condiciones, que si nos concentrábamos y jugábamos fútbol como cuando lo hicimos en las calles, en las famosas “mejengas”, sin presión de nada, con alegría, guardando las distancias, todo iba a salir bien. “Jueguen como cuando eran niños, con la misma ilusión”, dijo muchas veces.

Cuando nos topamos en el túnel con el equipo de Escocia, una escena que aquí se vio en televisión, nos motivábamos entre nosotros: “Vamos Costa Rica” y gritábamos y pudimos notar que los escoceses cambiaron sus expresiones en el rostro.

¿Qué había pasado? Creo que ellos esperaban toparse a un rival presa de los nervios…Y es que eso lo inculcaba Bora. El nos decía: “Cuando salgan, sonrían frente a ellos porque los escoceses tratarán de atemorizarlos sólo con volverlos a ver. Hagan lo que sea, pero no demuestren miedo”.

Cuando comenzamos a gritar: “Vamos Costa Rica”, “Vamos, tenemos que ganar”, “Tienen miedo, véanles las caras”, hasta que nos paró un poco el árbitro argentino (Juan Carlos Loustau) y nos dijo: “Cuidado, sin ofender”, pero yo le contesté: “Nadie está ofendiendo, estamos motivando” y eso se reflejó en el campo.

Yo les dije a los compañeros, cuando cantamos el Himno Nacional, “mano en el corazón”, para sentir nada más las pulsaciones y pensemos en Costa Rica y vamos a darlo todo. Eso fue importante. Fueron pequeños detalles que nos sirvieron para luchar.

Un equipo que llenó de gloria a Costa Rica, hace 30 años, poco antes de su debut inolvidable en los Mundiales mayores contra Escocia, al que doblegó 1-0 el 11 de junio de 1990 en Génova, Italia. Arriba (de izquierda a derecha): Héctor Marchena, Róger Gómez, José Carlos Chaves, Rónald González y Luis Gabelo Conejo. Abajo: Róger Flores, Juan A. Cayasso, Claudio Jara, Óscar Ramírez, German Chavarría y Mauricio Montero (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Cuando Juan Cayasso metió el gol yo me quedé viendo al árbitro argentino, porque yo creí que Cayasso estaba fuera de juego y un escocés levantó la mano. El árbitro dio un paso hacia adelante y giró hacia el centro… Fue cuando salí a felicitar a Juan… Pero había pensado que lo anularía, porque si mal no recuerdo, el portero de ellos le reclamó a un compañero y todos bajaron la cabeza, lo que aprovechó Loustau para darse vuelta y nadie le dijo nada. Fue una alegría gigante… Pero lo peor venía después. Había que aguantar. Pero no nos echamos para atrás. Hicimos fútbol.

Pero también sufrimos montones, porque hubo tramos del partido, sobre todo después del gol, en que el peso del partido se recostó sobre el dispositivo de defensa. Hubo compañeros que trabajaron tanto, como Luis Gabelo Conejo, que comenzó a “arratonarse”; Mauricio Montero no aguantaba; Héctor Marchena, José Carlos Chaves Innecken… Ronald González dijo: “No aguanto, pido cambio”. Todos estábamos igual. Todo era por ir tanto a pelear la bola arriba, porque ellos, como europeos, ponían el balón sobre los costados y ¡pum!, viene un centro.

Pero nos gritábamos ánimo y nos decíamos: “Faltan seis (minutos)”, “Faltan cuatro”… Entonces nos sentíamos otra vez fuertes… Yo pienso que si los de Camerún fueron leones, nosotros fuimos dragones en el campo, porque sacamos fuerzas de donde no las teníamos.

Hubo una jugada en la que Luis Gabelo Conejo estaba golpeado, en el suelo y además, aprovechaba para perder tiempo. Todos tratábamos de hacerlo un poco, en cuanta oportunidad se nos presentaba. Pero el árbitro argentino de repente se puso malcriado. Se arrimó y le dijo a Luis Gabelo: “Cabrón…parate…maricón”. Lo estaba insultando. Yo me le acerqué y le reproché: “Diga lo que quiera, pero no insulte a nadie, porque lo voy a insultar yo a usted…”.

Luego pasó junto a mí y me chocó con su hombro, como retándome… “¡Ahhh, así es la cosa!”, le dije, pero luego cambió conmigo. Yo creo que estaba tenso. Todo esto sucedió después de la mano de Marchena, en el área, que no sancionó. Pero Loustau cambió. “Capitán me decía después, dígales que no pierdan tiempo”, manifestaba ya en otro tono de buena manera…

El capitán Róger Flores (derecha) fue testigo hace 30 años de una de las mejores paradas de Luis Gabelo Conejo en el Mundial italiano, que ocurrió contra Escocia luego de un remate peligroso de Maurice “Mo” Jonston al minuto 39 en Génova (foto archivo de Rodrigo Calvo).

No hubo roces con los escoceses, ellos son muy leales jugando. Todo lo contrario, nosotros, creo, nos abusamos porque los pellizcábamos, los jalábamos.

Cuando llegó el final, ya en el vestuario, todos estábamos eufóricos, gritábamos y Oscar comenzó a cantar: “Costa Rica va a ser campeón” y brincábamos y cantábamos… Pero lo que se me vino a la mente fue el país: ¿Cómo estarán allá?, me dije…Y comencé a analizar la forma en que habíamos salido del país y la infinidad de cosas que se dijeron de nosotros: “Que Gabelo ojalá que no jugara, que íbamos sin portero… Y Gabelo fue el más grande, se agrandó dichosamente para nosotros en el Mundial… Que Mauricio y yo no nos entendíamos, que ojalá no jugara él porque era un penal fijo”.

No me gusta mencionar esto, porque ya pasó y hay que dejarlo olvidado, porque sólo el tiempo y el trabajo le calla la boca a muchas personas, pero en realidad les cuento lo que sentí y viví. No sé por qué llegaron a mi memoria esos recuerdos ingratos, esos tristes momentos, en una ocasión tan alegre.

Pienso que uno de los factores importantes en todo esto fueron las reuniones que hicimos, sólo los jugadores, para hablar de los partidos. Incluso, en momentos en que nos atacaba el “mal de patria”. Recuerdo que en la última reunión les dije algo que aprendí del psicólogo Rafael Ruano Marino, quien alguna vez dijo: “Siempre antes de una competencia imagínense los días más importantes de su carrera, el momento más feliz, recuérdenlo e imaginariamente vuélvanlo a vivir, para que en la competencia siguiente se luche por mejorarlo…”.

Yo soñé una vez que Oscar Ramírez metió un gol. Bueno, lo hizo Juan Cayasso, pero siempre hubo uno y ganamos 1-0.

Ante Brasil, la Tricolor no provocó un tiro a marco, ni un tiro de esquina. En la acción, el capitán tico Róger Flores le estorba en el remate a Alemão, el mejor de Brasil (foto FIFA.com).

SEGUNDO JUEGO: 0-1 CON BRASIL

Frente a Brasil empezamos muy bien. Ellos quisieron hacer un gol para darse tranquilidad… Pero conforme pasaron los minutos caíamos en excesos de respeto para con ellos, porque incluso en jugadas en que llegamos hasta el área, devolvíamos la pelota y la perdíamos y quedábamos mal parados en la cancha. Yo no tuve mayor asignación. Sólo Mauricio Montero con Müller y Héctor Marchena con Careca.

No mantuvimos el esquema y a partir de ahí afrontamos problemas. Jamás salimos a evitar la goleada. Yo no tuve temor. Incluso con dos balonazos que pegaron en los tubos dije: “Esa bola no quiere entrar… Hay que luchar un poco más porque alguien nos está ayudando, la Virgen o El Creador… Por eso no tuve temor de ser goleado e incluso algunas veces arriesgué y desde la banca me gritaban: “Flooooorreeeeesssss”. Y había que regresar a la ubicación.

Al terminar el partido más de uno quiso bajar la cabeza, pero Bora entró y dijo: “Cómo van a estar así, es un orgullo para nosotros perder 1 a 0 con el gran favorito”.

Yo sé que aquí se vio por televisión que Alemao codeó a Ronald González durante el juego, en la cara, y que después, al rato, sale el brasileño limpiándose el labio y la nariz. Él llegó a disculparse y yo le dije a Ronald que no aceptara las excusas porque lo había hecho con mala intención. En el segundo tiempo fui yo quien le pasó la factura por Ronald. Alemao me quedó cerca y le di un manotazo en la cara y le rompí el labio y sangró por la nariz…

Ellos creen que por ser figuras el árbitro tiene que protegerlos siempre y que pueden pegar cuando quieran, impunemente y eso no puede ser… Ronald va para arriba y había que darlo a respetar.

Roger Flores, capitán tico, vigila al astro brasileño Bebeto, quien hace 30 años fue relevo y jugó los últimos siete minutos. A su lado, Róger Gómez (foto archivo de Rodrigo Calvo).

TERCER JUEGO: 2-1 CON SUECIA

Si Suecia nos hubiera ganado con el 1 a 0, yo habría sido el culpable de esa derrota, porque fue mi culpa que la pelota, en un tiro libre, pasara a través de la barrera, porque en mi afán de achicar el ángulo de tiro me adelanté un poco y la bola pasó por el espacio que dejé.

Cuando terminó el primer tiempo, luego de varias jugadas en que se pudo anotar, hubo algunas discusiones en el vestuario. “¿Es que tenemos miedo? ¿Qué nos pasa?”, gritó alguien.

Yo estaba pensando en el gol sueco… La reacción de algunos jugadores respecto a mí, sin ser expresa, me recordaba que me había quitado de la barrera… En eso entró Bora y dijo: “Nadie me pelea aquí. No me discutan. Tranquilos, están jugando y haciendo las cosas bien”.

Nadie me dijo nada, no era necesario. Regresamos a la cancha, pero antes, Bora nos regañó un poquito, pero calmado. “Si pelean entre ustedes, salimos goleados… Hagan lo mismo, asistan un poco más a Gabelo y estén más atentos en las barreras”, manifestó nuestro técnico.

Vino un tiro libre después de la falta contra Hernán (Medford). Yo veo que Juan (Cayasso) toma la bola para cobrar la infracción. “Juan, tírela al primero (el poste más cercano a la bola)”. “Sí, sí, andá tranquilo”, me dijo, pero yo sentí que lo había dicho en un tono en el que no me estaba poniendo atención. Me le acerqué otra vez y le repetí: “Juan, tírela ahí, como lo hacemos en el Saprissa”… Y ahí la puso y fue el gol.

El gol del empate de Costa Rica ante Suecia, hace 30 años en Génova. El frentazo de Róger Flores se anticipa a la marca del sueco Peter Larsson (Nº 4) y anota el 1-1. Luego vendría el tanto del triunfo de Hernán Medford, para encender la fiesta nacional (foto FIFA.com).

Yo sentí, cuando anoté, que estaba cancelando la deuda del gol sueco… No sé si fui a cabecear por eso. Hubo algo en mi interior que me decía que fuera allá. Si ustedes ven bien el video, hay un sueco tirado en el suelo. Ese era quien venía a marcarme, pero Jara (Claudio) lo envió al suelo con una zancadilla cuando él quiso llegar donde yo estaba.

Mi mamá y mi suegro me habían dicho, antes de partir, que si yo hacía un gol, bailara el Punto Guanacasteco, porque Careca cuando anota baila lambada y otros brasileños samba, ritmos afines a su país, por lo que no había nada de extraño que yo hiciera lo propio si lograba anotar. Pero fue tal la emoción, que se me olvidó.

Cuando corrí hacia la bandera me pasó toda mi vida futbolística por la mente, en fracciones de segundo, desde que formé parte del Ranger, un equipo de los más humildes de Hatillo, hasta esta misma Selección.

Yo me recuerdo qué decían los que llegaron a celebrar conmigo. Todos cantábamos el gol. Ronald González me agarró a besos. Yo creo que él sintió más alegría por mi gol, que por el que le hizo él a Checoslovaquia. Después de ese partido me decía: “¡Qué golazo!”, y yo le contesté: “A vos te toca el sábado, estate tranquilo”… Por eso más de uno me ha preguntado qué le dije a Ronald cuando anotó…”Viste, te lo dije”, fue lo que le expresé después de su gol.

Posteriormente vino el tanto de Hernán Medford, el 2-1, y la gran alegría de conseguir la segunda victoria en nuestra primera Copa del Mundo.

Costa Rica y Suecia ofrecieron hace tres décadas una ardua disputa por la posesión del balón, como lo muestran los ticos José Carlos Chaves (Nº 6) y Róger Flores ante los vikingos Johnny Ekström y Klas Ingesson (foto archivo de Rodrigo Calvo).

CUARTO JUEGO: 1-4 CON CHECOSLOVAQUIA

Del saldo del partido contra Checoslovaquia, yo quiero decir que nos faltaron piernas, no por falta de condición física, sino porque veníamos arrastrando todo lo que no pudimos prepararnos como se debía.

El resultado, todos lo conocemos. Antes y después, nosotros hablamos con Hermidio Barrantes y le dijimos, de previo, que reconocíamos sus condiciones, que íbamos a entrar confiados en él, que no se preocupara, que la oportunidad que él esperaba había llegado.

Ahora lo señalan con el dedo y piensan, algunas personas que deben estar locas, que por él no pasamos a cuartos de final. ¡Por Dios!, cuando salimos de Costa Rica no nos daban ninguna opción y ahora se atreven a reclamar una meta mayor…

Lo principal es que Hermidio no le dé importancia a esto. Hizo lo que pudo, casi ni había jugado para el equipo. Le reconozco, como todos sus compañeros, acciones importantísimas durante el partido con paradas espectaculares. Para mí es un excelente portero, como Luis Gabelo Conejo, como Miguel Segura y como otros más con los que cuenta el país.

Costa Rica ante Checoslovaquia fue el cierre de la aventura tica en Italia 1990, hace 30 años. El verdugo Thomas Skuhravy, autor de tres goles de cabeza, requirió en ocasiones una doble marca, como aquí lo hacen Óscar Ramírez y Róger Flores (foto archivo de Rodrigo Calvo).

* Testimonio amplio y sincero de Róger Flores Solano, capitán del Seleccionado Nacional de Fútbol en el Mundial de Italia ’90, publicado hace 30 años en el diario “La Nación” y producido por Ricardo Quirós Sáenz (3 de julio de 1990); y en el libro “Aventura Tricolor: Mundial Italia ’90; Historia de la Selección Nacional de Fútbol de Costa Rica”, de Rodrigo Calvo y Mayela Solano Solano (1993).


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Tiene 41 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).