El cuerpo técnico de la Tricolor, hace 30 años, en el Mundial de Italia 90, liderado por el serbio Velibor "Bora" Milutinovic (centro). A su lado, de izquierda a derecha: Carlos Campos (semitapado), Rodrigo Kenton, Carlos Palavicini (tapado), Marcelo Betancourt y Rolando Villalobos (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Por Rodrigo Kenton (*)

El técnico yugoslavo, de origen serbio, Velibor Bora Milutinovic empezó el trabajo al frente de la Selección Nacional de Costa Rica con una calidad mundialista. Recuerdo que en el primer día de concentración, hace 30 años, pidió a los jugadores que se reunieran en grupos de cinco o seis e hizo una retroalimentación de lo que quería cada uno…

Todos los grupos concordaron en que el objetivo primordial era clasificar a la segunda fase de la Copa Mundial de Italia 1990. Quizás, si algunas personas nos hubieran escuchado ese día, nos habrían calificado de locos o algo así por el estilo.

A partir de aquel instante ese fue el objetivo del equipo. Bora se encargó de inculcar entusiasmo, de convencer al jugador de que la meta se podía conseguir, tal y como sucedió en dos meses y medio de trabajo.

Bora dio siempre mucho énfasis al trabajo psicológico del grupo. Al principio de la concentración vimos tres películas de la serie Rocky. Con eso se le quería decir a los jugadores que la agresividad –en el buen sentido de la palabra–, el sacrificio, coraje y esfuerzo eran las bases principales del éxito.

Posteriormente, en una charla con el entonces Presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Fournier, éste nos habló de que a él, después de sus dos derrotas anteriores, lo habían hecho ver también las tres cintas de Rocky, para motivarlo a emprender su tercera campaña política.

Milutinovic a cada rato le insistía al jugador que el Mundial era como una fiesta, como una oportunidad de participar en una actividad, en la cual íbamos a tomar parte y disfrutar lo que millones desearían.

Reiteraba al futbolista que debía aprovechar el chance al máximo y todos debían sentirse como cuando eran niños y jugaban en su barrio contra otro barrio. Y esto fue parte fundamental del éxito, pues nuestros seleccionados nunca se sintieron como participantes en un Mundial, sino como participantes  de un certamen más.

A cada rato el entrenador decía: “Tranquilos, esto es una fiesta, vamos a disfrutar aquí, vean qué canchas más bonitas”. Con esas frases no sólo daba confianza y alegría al plantel, sino que canalizaba a sus dirigidos la experiencia obtenida en otros mundiales.

¡Ah!, se me olvidaba contar otra actuación de Bora que sirvió para elevar increíblemente la motivación del grupo antes del encuentro frente a Escocia. Nos regaló un par de zapatos de fútbol Adidas-Etrusco a todos los integrantes de la delegación. Imagínese el significado psicológico que tuvo para cada muchacho el contar con un par de zapatos de gran calidad en sus manos…

“Bora” Milutinovic dio mucho énfasis al trabajo sicológico con los jugadores de cara al Mundial Italia 90. “Nos dijo que la agresividad, el sacrificio, el coraje y el esfuerzo son la base principal del éxito”, declaró Rodrigo Kenton (foto archivo de Rodrigo Calvo).

TACTICO

A grandes rasgos, el sistema táctico que se empleó en el Mundial de Italia 90, consistió en jugar con un hombre en punta, poblar el medio campo y utilizar un líbero atrás de tres defensas. La idea era cuidarnos atrás, de manera que no nos sorprendieran y, a la vez, tener la posibilidad de que dos o tres elementos nuestros sorprendieran adelante.

Recuerdo que hubo algunas críticas por ese planteamiento, pues algunos opinaron que se debía jugar con dos hombres en punta. Sin embargo, este razonamiento era injustificado.

En las primeras dos semanas, nos preocupamos un poquito porque algunos fundamentos no se daban como Bora pensó que el fútbol de Costa Rica los manejaba. Yo le dije que estuviera tranquilo, que conocía a los muchachos, que quizás estaban un poco presionados y sabía que en el sentido táctico eran chispas.

Bora no sólo tuvo paciencia, sino que nunca perdió la cabeza y la calma necesaria para que los seleccionados se adaptaran a un sistema táctico que no se utilizaba en Costa Rica. Pese a que perdimos en algunos fogueos, nosotros éramos conscientes de que se iba mejorando en lo táctico y teníamos confianza en que llegaríamos en un buen nivel al Mundial.

El torneo por la Copa Marlboro, en Chicago, Illinois (Estados Unidos), sirvió para que sacáramos conclusiones valiosísimas. Una de las principales fue que el equipo no estaba preparado para aplicar el fuera de juego en jugadas de bola muerta, pues en ese certamen nos hicieron tres goles en esa forma.

En el aspecto de conformación del cuadro, Bora tuvo mucho tacto al escoger hombres agresivos de gran dinámica y temple.

Hace 30 años, Rolando Villalobos y Rodrigo Kenton, asistentes técnicos de “Bora” Milutinovic, supervisaron de cerca el trabajo de montaña en Heredia, en los comienzos del trabajo final hacia el Mundial de Italia 1990 (foto archivo de Rodrigo Calvo).

ESCOCIA: 1-0

No se empezó a hablar del partido contra Escocia sino hasta una semana antes. Lo consideramos un rival de respeto. Era al equipo que más temor le teníamos por su nivel de agresividad, rapidez adelante y explosividad. Eso sí, estábamos conscientes de que su defensiva era vulnerable, pues le habían hecho muchos goles en los partidos de fogueo.

Ya a esas alturas se tenía definido que el hombre en punta sería Claudio Jara y que por el lateral derecho se utilizaría a German Chavarría, con el fin de aprovechar el hecho de que ahora no se juega con punteros netos.

Bora se inclinó por Jara en lugar de Medford y Jaikel, porque anduvo muy bien en los entrenamientos y tácticamente cumplía con el requisito de ser un hombre de mucho sacrificio, lleno de pundonor y con más experiencia.

Para neutralizar los centros del rival se intensificó el trabajo con los porteros. Colaboró con nosotros en esa tarea, el entrenador de guardametas del AS Roma, Roberto Negrisolo. Las salidas increíbles que hizo Luis Gabelo a recoger centros fueron en gran parte gracias a los “volados” que nos brindó Roberto.

En el estadio Luigi Ferraris de Génova, antes del partido, Bora nada más recordó a los jugadores detalles como los tiros libres y otros movimientos tácticos de importancia. Esas charlas no duraban ni cinco minutos.

Recuerdo que los primeros minutos frente a los escoceses fueron criminales. Se cometieron algunos errores infantiles. Empero, con los gritos, el equipo se fue acomodando. En contraposición, el rival se confundió un poco.

En el intermedio estábamos felices. Terminar empatados 0 a 0 era importantísimo. Bora enfatizó a los muchachos que siguieran jugando igual y que los laterales se cuidaran de que no les robaran la espalda.

Vino el gol, el 1-0. Héctor Marchena, en una jugada fuera del libreto, se fue hacia el marco. Pasó a Claudio Jara. El taco de éste y el remate de Juan Cayasso. Todos en la banca brincamos y fuimos a celebrar efusivamente. Son instantes inolvidables, algo que uno desea volver a vivir.

Los momentos más difíciles los padecimos cinco minutos después del gol, cuando ellos se nos vinieron encima con todo, pero se le gritó al equipo para que no se metieran atrás y el cuadro volvió a salir.

No debió extrañar el hecho de que Bora no realizara ningún cambio en ese partido, ya que él maneja las permutas de una forma acertada.

Velibor “Bora” Milutinovic explicó hasta el más mínimo detalle a los jugadores y al cuerpo técnico de la Tricolor, con el propósito de que asimilaran sus ideas futbolísticas en un tiempo récord con miras al Mundial de Italia 1990 (foto archivo de Rodrigo Calvo).

BRASIL: 0-1

Llegó la oportunidad de enfrentar a Brasil. El equipo favorito, el tabú. No se imagina la presión que significó tener que jugar ese encuentro, pues todo el mundo pensaba que nos iban a hacer siete goles.

Al principio teníamos dudas de cómo se nos iban a presentar los brasileños. Pensábamos si iban a presentarse con un sistema precavido, al igual que ante Suecia, o iban a poner más hombres en punta para procurar un marcador elevado.

Nosotros también pensamos en hacer algún cambio. Se pensó en alinear a Alexandre Borges Guimarães, ya que con sus pases en profundidad podía desequilibrar en el medio campo. Al final no se hizo el cambio, porque el equipo había rendido muy bien contra los escoceses.

El sistema era el mismo: un hombre en punta, medio campo poblado y un líbero. Para neutralizar los avances de los laterales brasileños Jorginho y Branco, quienes eran los encargados de desequilibrar, teníamos un bloque: Cayasso-Gómez-Chavarría por la derecha y Ramírez-González-Chávez por el sector izquierdo. Dio resultados, pues Brasil pudo hacer poco por esos sectores. Además, se encomendó a Mauricio Montero marcar a Müller y a Héctor Marchena a Careca.

Los brasileños pegaron tres o cuatro balones en los tubos al principio. Para nosotros era criminal vivirlo desde el banco, de donde no podíamos corregir nada, debido a que la cancha queda muy largo y nuestros gritos no eran escuchados por los jugadores.

En el medio tiempo se pudieron corregir algunas cosas que se hacían mal. Desgraciadamente, el coraje y la lucha no alcanzaron para conseguir el empate en el segundo período.

Bora introdujo a Roy Myers, por su habilidad y destreza a la hora de enfrentar, y a Guimarães, en busca de mayor profundidad. Mejoramos, pero no se pudo llegar, debido a la férrea marcación de los brasileños.

Antes de viajar al Mundial de Italia, el seleccionado de fútbol recibió una visita del entonces Presidente de la República, Óscar Arias Sánchez, el 20 de abril de 1990 en el cuartel general de la Tricolor, el Hotel Tirol, de San Rafael de Heredia (foto archivo de Rodrigo Calvo).

SUECIA: 2-1

No nos sentíamos bien después de la derrota 0-1 ante Brasil, porque además representaba que si perdíamos por un marcador alto con Suecia era como si no se hubiera hecho nada en el Mundial.

Desde que se ganó 1-0 a Escocia sentíamos que se podía clasificar. No hubo promesas de ningún tipo, pero sí un deseo de poner en la cancha todos nuestros argumentos.

Conocíamos a Suecia. Bora y yo habíamos ido a Estocolmo a verlos frente a Finlandia. Llegamos a la conclusión de que los suecos practicaban un fútbol lento, pausado y tiraban muchos centros. Además, teníamos el panorama completo de cómo se movían sus principales hombres, apuntes que resultaron valiosos en el partido ante nosotros, pues usaron la misma formación de ese partido.

En el primer tiempo, los nórdicos nos asustaron e incluso anotaron primero. Pero en el intermedio se dieron instrucciones a nuestros jugadores para que se buscara mayor profundidad y se aprovechara las lesiones del lateral izquierdo de ellos (Stefan Schwarz). Poco a poco las cosas mejoraron hasta que nos adueñamos de las acciones.

Me imagino que ustedes quieren conocer acerca del ingreso de Hernán Medford, quien fue la carta de triunfo. Tengo que decirles que Bora pensó en meter a Hernán como cambio en el momento más propicio desde antes de que se iniciara el encuentro.

¿Por qué no Medford como titular? Bora decidió dejarlo como reemplazo, porque Jara pasaba un buen momento y cumplía a cabalidad, por lo que no era conveniente hacer cambios en la alineación. Segundo, porque Medford era el as en la manga con el cual se pensaba sorprender al rival en el transcurso del partido.

El cambio se hizo cuando se notó que el lateral izquierdo estaba lesionado y cansado y que los suecos dejaban un gran espacio entre el portero y la parte defensiva.

Bora dijo a Medford: “Entre y aproveche estas condiciones”, y así sucedió. El técnico tuvo otro acierto y fue que Hernán ingresara por Róger Gómez para dejar en el campo a Jara, pues con dos hombres en punta lógicamente se ganaba profundidad. Al salir Gómez se ordenó a Héctor Marchena adelantarse un poco para que cubriera su posición y bajar al medio campo a Juan Cayasso, con el fin que ordenara nuestro fútbol.

Desde que Hernán tocó la primera bola y lo hizo bien, estábamos seguros de que se podía ganar el juego. Luego llegó Guimarães con la misión de meter balones en profundidad. Los suecos se descontrolaron. El técnico de ellos no supo responder.

Todos festejamos el triunfo 2-1 con efusividad. Se clasificó holgadamente, algo que no estaba previsto en nuestros planes iniciales.

Rodrigo Kenton (derecha) asistió a Velibor “Bora” Milutinovic en la Selección de Nigeria, entre 1997 y 1998, con vistas al Mundial de Francia (foto archivo de Rodrigo Calvo).

CHECOSLOVAQUIA: 1-4

El hecho de haber pasado a la siguiente ronda, nos obligaba a jugar ante Checoslovaquia. Rápidamente nos pusimos a analizar las videocintas y a recoger otras informaciones. Pero, desgraciadamente, pasó lo que pasó.

Para ese partido no contábamos con Luis Gabelo Conejo, por lesión, ni con Róger Gómez, debido a la doble amonestación de tarjetas amarillas. Desde un principio se decidió que Hermidio Barrantes jugaría en el marco y Marvin Obando sustituiría a Gómez. Se escogió a Hermidio porque era el segundo portero del equipo, o sea, se creía conveniente respetarle su jerarquía. Además, Barrantes tenía más experiencia en el proceso que el otro portero disponible, Miguel Segura. Tanto Hermidio como Obando cumplieron bien. Incluso, en mi concepto, Hermidio hizo una extraordinaria labor con paradas formidables, las cuales llevaban el signo de gol.

Creo que en ese partido no falló nada. Simplemente nosotros ya habíamos cumplido con los objetivos propuestos. Quizás pecamos en el sentido de ponernos como meta llegar a la segunda fase; si nos hubiéramos propuesto ser campeones, tal vez se habrían alcanzado los cuartos de final.

Ese juego no se presentó como queríamos. Cuando nosotros empatamos pensamos que ellos iban a bajar las manos, al igual que Suecia y nos lanzamos al ataque. Y no fue así. Checoslovaquia demostró tener muy buena escuela.

Después de recibir el segundo gol, nos tratamos de reponer, pero ya no había fuerzas.

Los checos tenían una gran ventaja adicional, nos conocían muy bien. Bora cuenta como anécdota que el técnico Josef Venglos le manifestó antes del partido que “por dicha nos tocó contra Costa Rica, porque los tenemos estudiados”. Bora replicó: “¡Qué dicha, porque nosotros también!”.

Eso explica por qué el efecto de los cambios no resultó como contra Suecia. Cuando ingresaron Alexandre Borges Guimarães y Hernán Medford, inmediatamente vino la respuesta de ellos.

Como corolario: el Mundial de Italia 1990 nos dejó satisfacciones y la obligación de mejorar más en el futuro, porque los ojos del mundo estarán sobre Costa Rica. En lo personal, considero que la experiencia vivida es inolvidable. Obtuve muchas enseñanzas en todos los niveles. Lástima que Bora Milutinovic se fue de inmediato, porque realmente es una fuente inagotable de conocimientos y siempre se preocupa por transmitirlos.

Rodrigo Kenton fue una vez técnico de la Selección Mayor de Costa Rica, entre 2008 y 2009; asistente técnico de la Tricolor, en 1989-1990 y luego en el 2002, y entrenador de la Sub-23 tica en la Olimpiada del 2004 en Atenas, Grecia (foto archivo de Rodrigo Calvo).

 * Artículo inédito del diario La Nación, escrito hace 30 años por el periodista Juan Sánchez Cascante y publicado en el libro “Aventura Tricolor: Mundial Italia 90; Historai de la Selección Nacional de Fútbol de Costa Rica”, de Rodrigo Calvo y Mayela Solano (1993). Fotografías: Archivo de Rodrigo Calvo.

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Tiene 41 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).