La Selección de Uruguay fue el primer campeón mundial de la FIFA, en la cita de 1930 realizada hace 92 años en Montevideo, Uruguay (fotos archivo de Rodrigo Calvo/arte de Mario Calvo Castro).

La Selección de Uruguay era el candidato hace 92 años de todos los seguidores del fútbol para adjudicarse el título en el primer Campeonato Mundial, organizado por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), que se iba a inaugurar en su capital, Montevideo, a mediados de julio de 1930.

La razón principal del gran momento de la garra charrúa es que había vuelto a mostrar que era el mejor equipo del planeta, después de ganar la medalla de oro en los torneos de los Juegos Olímpicos de 1924 en París, Francia, y 1928 en Amsterdam, Holanda.

El primer afiche del Mundial, en 1930, reflejó el anhelo alcanzado al tomar un balón entre las manos (archivo de Rodrigo Calvo).

Semanas más tarde, el miércoles 30 de julio de ese año, el fútbol tuvo a su primer campeón del mundo: Uruguay, que se confirmó como la nueva potencia mundial tras derrotar 4-2 a su vecino del Río de la Plata, Argentina, en la gran final en el estadio Centenario de Montevideo.

Días antes dominó sin contratiempos el grupo 3 frente a Perú (1-0) y Rumanía (4-0) y goleó a Yugoslavia (6-1) en la fase de semifinales.

Se ignora quién fue el virtual autor de la famosa frase: “en dos patadas, Uruguay ha entrado en la geografía”, en alusión a los títulos olímpicos de 1924 y 1928. Un mensaje profundo que no admitió dudas entonces. La “tercera patada” vino después en el Mundial de 1930.

El luchador equipo del técnico uruguayo Alberto Horacio Suppici mostró el clásico sistema de un guardameta, dos defensores, tres mediocampistas y cinco delanteros. Y tuvo el soporte de nombres propios como el capitán José Pepo Nasazzi, José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández, Pablo Dorado, Álvaro Gestido, Héctor Scarone, Héctor Manco Castro, Pedro Petrone y Pedro Cea.

“Los uruguayos eran los campeones olímpicos, o sea del mundo. Tenían un equipo muy poderoso con Nasazzi en la defensa, Andrade, Fernández y Gestido en la línea media y en el ataque a Scarone, Castro y Cea. Eran fuertes y, además, jugaban en casa, con su público y a todo su favor”, reflexionó en octubre del 2005, en la publicación mensual FIFA Magazine, el exfutbolista argentino Francisco Antonio Pancho Varallo, que era entonces el único jugador sobreviviente de la final del primer Mundial de la FIFA en 1930. Varallo falleció a la edad de 100 años en el 2010.

Desde sus orígenes, el fútbol uruguayo ha sido un fértil productor de estrellas de magnitud mundial. Muchos de los más destacados futbolistas charrúas impartieron cátedra en otros países como Argentina, Italia y España. Y el seleccionado que ganó las medallas doradas de 1924 y 1928, así como el cetro en la cita mundialista en 1930, no fue la excepción. 

En resumen, los uruguayos dieron la primera vuelta olímpica en un Mundial de fútbol, el 30 de julio de 1930. Tras los títulos de París 1924, Amsterdam 1928 y luego el de Montevideo 1930, ya nadie en el “planeta-fútbol” podía alimentar la más mínima duda: el de Uruguay era, entonces, el mejor fútbol del mundo.

El legendario estadio Centenario de Montevideo fue construido en 1930. Un emblema de Uruguay y un monumento histórico del futbol mundial (foto archivo de Rodrigo Calvo).

La final

La batalla deportiva del Río de la Plata, entre los vecinos Uruguay y Argentina, marcó el escenario de la primera final de los Mundiales de fútbol en 1930 e inundó de leyenda y goles el estadio Centenario de Montevideo, Uruguay.

Los aficionados, dirigentes y periodistas de ambos países han construido, desde entonces, dos historias paralelas acerca de lo que fue en realidad aquel histórico partido.

Los argentinos alegaron una presión indebida de parte del público y hablaron de un clima “enrarecido”. Los uruguayos, en cambio, consideraron que aquella final demostró la superioridad de su equipo.

El árbitro fue el belga John Lagenus, quien no fue autorizado a dirigir la final hasta el mediodía, tres horas antes de empezar el partido, después de que una delegación de dirigentes europeos hubiera obtenido garantías de los organizadores sobre su seguridad personal.

Langenus, al mismo tiempo, tuvo que resolver un problema antes de comenzar el duelo. El capitán uruguayo, José Nasazzi, quería que la pelota que se jugara fuera la de su país; lo mismo que el argentino Manuel Ferreira, insistía en usar la bola traída del otro lado de la frontera. 

Al final el juez sorteó para jugar un tiempo con cada una. En el primer tiempo se largó con el balón de Argentina y en el segundo con el uruguayo.

Lo único cierto es que el escenario charrúa se llenó hasta las banderas, con 68.346 seguidores (según otras fuentes, hubo 90.000), y que Uruguay venció por 4-2, luego de irse a los vestuarios con una desventaja de 1-2.

El estadio Centenario de Montevideo lució pletórico hace más de nueve décadas con las 13 delegaciones participantes que inauguraron el primer Mundial de Fútbol, el 18 de julio de 1930, cuando el país anfitrión, Uruguay, cumplió su primer siglo de vida (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Los seis goles

Pablo Dorado anotó el primer tanto para los seleccionados locales, a los 12 minutos, en medio de la euforia de los aficionados orientales. Pero los atacantes Carlos Peucelle –extécnico del Deportivo Saprissa, en 1957– y Guillermo Stábile, en una posición dudosa, le dieron la vuelta al marcador.

Esta fue la presea de oro que la FIFA le entregó al capitán charrúa José Nasazzi, por su título mundial en 1930 (archivo de Rodrigo Calvo).

Todo cambió en la segunda parte, que fue un festival a favor de La Celeste. Alentados por el capitán José Nasazzi, los charrúas sacaron a relucir su garra y una jugada de Pedro Cea fijó el empate a dos tantos. Santos Iriarte los colocó de nuevo en ventaja por 3-2.

Y a escasos segundos de finalizar el juego, Héctor Manco Castro estableció de cabeza el definitivo gol de la victoria por 4-2. “Ellos nos ganaron por ser más guapos y más vivos. No por ser mejores  jugadores”, declaró el argentino Francisco Pancho Varallo después de perder la finalísima ante Uruguay.

La locura colectiva no dejó que hubiera descuento y el juez Langenus pitó el final. Los asistentes al estadio Centenario estallaron de alegría en su primera hora gloriosa. Fue a las 4:15 p. m., del miércoles 30 de julio de 1930, cuando el fútbol tuvo a su primer campeón del mundo: Uruguay.

El público argentino acusó a los futbolistas charrúas de brutalidad y juego sucio. Tildó al árbitro belga de parcial por haber permitido excesos de los celestes. Se rompieron, entonces, las relaciones deportivas –y casi también las diplomáticas– entre ambos países, al punto que los dos mejores equipos del planeta no volvieron a cruzarse en un campo de juego hasta 1935.

La celebración

Entre vencedores y vencidos, el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, entregó la dorada estatuilla a los monarcas. El victorioso defensor José Nasazzi, un amateur –el profesionalismo solo llegaría a Uruguay dos años después, en 1932–, fue el primer capitán que recibió el premio mundialista.

Años después, en su libro de memorias La maravillosa historia de la Copa del Mundo, Rimet escribió: “Nunca antes había presenciado escenas de pasión y entusiasmo como las que hubo al conquistar la victoria. Cuando se izó la bandera uruguaya, los jugadores del equipo campeón del mundo la contemplaron con lágrimas en los ojos. Y toda la nación parecía estar unida en el orgullo por aquel triunfo”.

Argentina había perdido de una manera inapelable, pero aceptó la derrota en forma deportiva. Aplaudieron a sus eternos rivales y los acompañaron en la vuelta olímpica. Ambos equipos fueron igualmente aclamados por los espectadores al abandonar el imponente estadio de Montevideo. 

Después de jugarse la final, sin que su integridad física peligrara en ningún momento, el árbitro belga John Langenus salió del escenario protegido por la policía y se hizo lleva al puerto para embarcar en el buque italiano Duilio de regreso a Europa.

Fue un éxito para Uruguay, que también sacó ganancias económicas, al contabilizar un superávit en los ingresos de 12.719 pesos. El Gobierno de Uruguay dispuso de tres días de fiesta nacional y toda actividad laboral quedó interrumpida. Los orientales celebraron casi sin descanso, durante 72 horas, la consagración de su escuadra porque, después de sus dos victorias olímpicas, no habría podido conmemorar mejor el centenario de la independencia que con el título mundial. Fue su tercera corona en una década.

La garra y la convicción de la mítica celeste perfilaron al primer monarca universal de la historia del fútbol. Y, además, fue un éxito total para el balompié y para la idea de que se pusiera en marcha el Mundial cada cuatro años. 

El pasaporte de Luis Felipe Monti, el único jugador que defendió dos países diferentes, Argentina e Italia, en dos finales del Mundial, en 1930 y 1934 (archivo de Rodrigo Calvo).

Galería de fotos: Aventura en el mar, rumbo al Mundial de 1930

Tres de los cuatro equipos europeos que viajaron hace 92 años en el barco Conte Verde, para intervenir en el Mundial de 1930. Se trata de Bélgica (izquierda), Francia (centro) y Rumanía (derecha). Encerrado en un círculo Jules Rimet, el presidente de la FIFA y principal gestor de la creación de los Mundiales. La otra selección del Viejo Continente, Yugoslavia, viajó por su cuenta (foto archivo de Rodrigo Calvo).

El partido del recuerdo

Uruguay 4
Argentina 2

Fecha: Miércoles 30 de julio de 1930.
Motivo: Final del primer Campeonato Mundial de Fútbol en 1930.
Estadio: Centenario, de Montevideo, Uruguay. 
Goles: Pablo Dorado, a los 12’; Pedro Cea, a los 57’; Victoriano Santos Iriarte, a los 68’; y Héctor Manco Castro, a los 89’, para Uruguay. Carlos Peucelle, a los 20’; y Guillermo Stábile, a los 37’, para Argentina.

Alineaciones:
Selección de Uruguay: Enrique Ballesteros; José Pepo Nasazzi (capitán) y Ernesto Mascheroni; José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández y Álvaro Gestido; Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor Manco Castro, Pedro Cea y Victoriano Santos Iriarte. Director técnico: Alberto Horacio Supicci (capitán).

Selección de Argentina: Juan Botasso; José Della Torre y Fernando Paternoster; Juan Evaristo, Luis Felipe Monti y Pedro Suárez; Carlos Peucelle, Francisco Pancho Varallo, Guillermo Stábile, Manuel Nolo Ferreira (capitán) y Mario Evaristo. Director técnico: Francisco Carlos Olázar (argentino).

Árbitros: John Langenus (Bélgica), central, asistido en las líneas por Ulises Saucedo (Bolivia) y Henry Christophe (Bélgica). 

Asistencia: 68.346 espectadores. 

La Selección de Uruguay en 1930, un equipo de ganadores y el primer campeón mundial de la FIFA. Arriba (izquierda a derecha): Ernesto Figoli (masajista), Álvaro Gestido, José Nasazzi, Enrique Ballesteros, Ernesto Mascheroni, José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández y M. Greco (masajista). Abajo: Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor “Manco” Castro, Pedro Cea y Victorino Santos Iriarte (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Goleador del Mundial 1930: Guillermo Stábile

El argentino Guillermo Stábile fue un futbolista exitoso, un centro delantero notablemente elegante, eficaz e inteligente, quien escribió una página memorable en el primer Campeonato Mundial de fútbol de 1930, celebrado en Montevideo, Uruguay.

Sus ocho goles en solo cuatro encuentros lo confirmaron máximo anotador de la inaugural cita mundialista, como uno de los grandes arietes de la historia de los Mundiales y del fútbol suramericano.

Lo curioso es que Stábile era el suplente de Roberto Eugenio Cherro, atacante del Boca Juniors llamado Cabecita de Oro, cuando se disputó el primer encuentro de la copa ante Francia. Guillermo ingresó en el segundo juego ante México, como resultado de una crisis nerviosa que sufrió el artillero titular de los albicelestes.

Sin embargo, el equipo argentino de los Monti, Peucelle, Ferreira y Stábile se quedó a las puertas del título mundial, que perdió la final 2-4 ante los anfitriones uruguayos.

Nacido el 17 de enero de 1906, en Buenos Aires, la capital argentina, Stábile practicó el atletismo durante su infancia (corrió los 100 metros en 11 segundos, marca muy importante para la época) y fichó como extremo del Huracán, con apenas 17 años. Antes formó parte de equipos provinciales como Metan.

Luego fue traspasado por 25.000 pesos argentinos al fútbol europeo. Allí, afectado por las lesiones (una fue fractura de tibia y peroné), militó con el Génova y Nápoles, de Italia; y el Red Star, de París, Francia, donde volvió a ser el de antes, fue todo un ídolo y concluyó su etapa de futbolista en 1939.

Le llamaban El Filtrador, por su facilidad para penetrar en las defensas rivales, sagacidad de movimientos dentro del área y aptitud a la hora de definir. Además poseía una velocidad excepcional, con un olfato goleador poco común.

Al colgar los zapatos de fútbol, Stábile entrenó a San Lorenzo, Estudiantes de la Plata, Ferro Carril Oeste, Huracán, Rácing (lo hizo tres veces campeón en 1949, 1950 y 1951) y al seleccionado argentino, entre 1939 a 1960, con el que ganó el título sudamericano de 1942 y 1956, y fracasó en el Mundial de 1958.

Siendo director técnico de la Albiceleste, Guillermo Stábile se enfrentó en el banquillo a la Selección de Costa Rica y la goleó 7-1 durante los I Juegos Deportivos Panamericanos de 1951, en Buenos Aires, Argentina. Nueve años más tarde, en 1960, visitó el Estadio Nacional de La Sabana, en la capital costarricense, San José, y guió a su país al título en el II Panamericano de Fútbol ante los combinados de Brasil, México y Costa Rica.

Tiempo después se convirtió en un millonario al dedicarse a los negocios, además de que fue director de la Escuela de Entrenadores de Argentina. Falleció en su ciudad natal el 27 de diciembre de 1966, a los 60 años de edad; su funeral fue digno de un jefe de estado.

Tabla de principales goleadores – Mundial de 1930

  • 8 goles: Guillermo Stábile (Argentina).
  • 5 goles: Pedro Cea (Uruguay).
  • 4 goles: Bert Patenaude (Estados Unidos) y Guillermo Subiabre (Chile).
  • 3 goles: Peregrino Anselmo (Uruguay), Preguinho (Brasil), Ivicia Bek (Yugoslavia) y Carlos Peucelle (Argentina).
El goleador argentino, Guillermo Stábile, marcándole un gol al guardameta James Jim Douglas, de Estados Unidos, en la semifinal del Mundial de 1930, el 26 de julio en el estadio Centenario de Montevideo, Uruguay. Es el 3-0 transitorio para Argentina que goleó 6-1 y el pasaje a la final (foto archivo de Rodrigo Calvo).

El estadio principal del Mundial 1930

Surgido de la visión de los arquitectos uruguayos Juan Antonio Scasso y José H. Donato, el legendario Estadio Centenario, en Montevideo, Uruguay, fue hace 92 años el escenario en que 80.000 uruguayos siguieron el camino de la consagración de La Celeste en el Mundial de 1930. Increíblemente, el recinto que conmemoró con su nombre el primer siglo de la independencia del país, se construyó en solo cinco meses, para lo cual los obreros trabajaron las 24 horas, en tres turnos. Por las noches, inmensos faroles alumbraron los encofrados, el doblado de hierros y las máquinas de cemento. Costó $1.665.000, una cifra descomunal para la época.

El estadio Centenario de Montevideo lucía así, hace 92 años, el 13 de julio de 1930, con motivo de la fecha inaugural del Mundial de 1930. Fue construido en tiempo récord, con una duración de solo cinco meses (foto archivo de Rodrigo Calvo).

El primer balón oficial del Mundial de 1930

La calidad de los balones utilizados en los Mundiales de Fútbol se superó con el paso del tiempo, gracias a la utilización de tecnologías para mejorar distintos aspectos como velocidad, impermeabilidad, precisión y diseño. Pero, para el primer Mundial en 1930, en Uruguay, se utilizó una pelota de cuero que, en su interior, existía una vejiga. Era pesado, marrón y autor de golpes dolorosos. Cuando se mojaba, pesaba tanto que el pie no soportaba los castigos cuando se pateaba. Esa bola se le llamó Modelo “T” Federale 102 y también se empleó en el Mundial de 1934, en Italia.

Nómina de Uruguay, campeón de 1930

La alineación oficial de Uruguay para la primera final del Mundial de Fútbol, hace 92 años, en 1930 (foto archivo de Rodrigo Calvo).

  • Porteros (2): Enrique Ballesteros, de Rampla Junior; y Miguel Capuccini, de Peñarol.
  • Defensores (6): José Leandro Andrade, de Nacional; Juan Peregrino Anselmo, de Peñarol; Ernesto Mascheroni, de Olimpia M.; José Pepo Nasazzi, de Bella Vista; Emilio Recoba, de Nacional; y Domingo Tejera, de Wanderer’s.
  • Mediocampistas (6): Pedro Cea, de Nacional; Lorenzo Fernández, de Peñarol; Álvaro Gestido, de Peñarol; Miguel Ángel Melogno, de Bella Vista; Consuelo Piriz, de Nacional; y Carlos Riolfo, de Peñarol.
  • Delanteros (8): Juan Carlos Calvo, de Misiones FC; Héctor Manco Castro, de Nacional; Pablo Dorado, de Bella Vista; Victorino Santos Iriarte, de Racing M.; Pedro Petrone, de Nacional; Zoilo Saldombide, de Nacional; Héctor Scarone, de Nacional; y Santos Urdinarán, de Nacional.
  • Director técnico: Alberto E. Suppici (uruguayo).

El árbitro de la final

El árbitro belga John Langenus (derecha) con los capitanes de Uruguay, José Nasazzi (izquierda), y Argentina, Manuel Ferreira, antes de la gran final del primer Mundial de Fútbol, en 1930 (foto archivo de Rodrigo Calvo).

El belga, John Langenus, tuvo para sí el privilegio de dirigir la primera final de una Copa del Mundo, la de 1930, en Montevideo, Uruguay, con el juego decisivo que los charrúas derrotaron 4-2 a Argentina.

Nacido en Amberes, Bélgica, el 8 de diciembre de 1891, arbitró dos años antes, en Amsterdam, Holanda, el juego de desempate de la final del fútbol en los Juegos Olímpicos de 1928, también entre uruguayos y argentinos, y el choque por la medalla de bronce entre Italia y Egipto.

Langenus, con sus inconfundibles pantalones bombachos de ciclista, su gorra de lana y su simpático corbatín, fue árbitro internacional en 81 encuentros, entre el 21 de setiembre de 1924 y el 4 de junio de 1939. Dirigió siete partidos en Mundiales; a saber, cuatro partidos en 1930, uno en 1934 y dos en 1938.

También fungió como periodista deportivo de la revista alemana Kicker. John Langenus falleció a los 60 años en la ciudad belga de Berchem-Sainte-Agathe, en Bruselas, el 1° de octubre de 1952.

Galería: La primera gran final de los Mundiales, en Uruguay 1930

Síntesis del Mundial Uruguay 1930

  • Campeón mundial: Uruguay.
  • Países miembros de la FIFA: 46 (incluida Costa Rica, que se afilió en 1927).
  • Países en la eliminatoria: Ninguno; torneo por invitación.
  • Sede: Montevideo, Uruguay.
  • Países participantes: 13.
  • Partidos jugados: 18.
  • Jugadores participantes: 189.
  • Goles anotados: 70 (promedio: 3,89 por partido).
  • Máximo goleador: Guillermo Stábile (Argentina), con 8 tantos.
  • Primer gol: Lucien Laurent (Francia), a los 19 minutos del duelo por el grupo 3 ante México (ganó 4-1), el 13 de julio de 1930, en el estadio Pocitos, del club Peñarol, en Montevideo, Uruguay.
  • Gol más rápido: 50 segundos, del rumano Adalbert Desu ante Perú (3-1), por el grupo 3, el 14 de julio de 1930, en Montevideo.
  • Penales: Cuatro (uno anotado y tres errados).
  • Mejor ataque: Argentina (18 goles en 5 juegos; promedio: 3,6 por juego). Bélgica y Bolivia no anotaron goles.
  • Mejor defensa: Uruguay (3 goles en 4 juegos; promedio: 0,75 por juego).
  • Total de espectadores: 434.500 (promedio: 24.139 por partido).
  • Equipo ideal del Mundial 1930 (formación 1-2-3-5): Enrique Ballesteros (Uruguay), portero; José Nasazzi (Uruguay) y Milutin Ivkovic (Yugoslavia), defensores; José Leandro Andrade (Uruguay), Luis Monti (Argentina) y Juan Evaristo (Argentina), mediocampistas; Héctor Scarone (Uruguay), Manuel Ferreira (Argentina), Guillermo Stábile (Argentina), Pedro Cea (Uruguay) y Victorino Santos Iriarte (Uruguay), delanteros.
  • Posiciones finales: 1-Uruguay. 2-Argentina. 3-Estados Unidos. 4-Yugoslavia. 5-Chile. 6-Brasil. 7-Francia. 8-Rumanía. 9-Paraguay. 10-Perú. 11-Bélgica. 12-Bolivia. 13-México.
Así reseñó la famosa revista deportiva “El Gráfico”, de Buenos Aires, Argentina, sobre la final del Mundial 1930 entre Uruguay y Argentina (archivo de Rodrigo Calvo).
Así se enteraron los seguidores de nuestro país del triunfo uruguayo en la final del Mundial, por medio del “Diario de Costa Rica” (reproducción del archivo del Sistema Nacional de Bibliotecas, Sinabi, de Costa Rica),

FUENTES CONSULTADAS: Libro “El Inicio”, tomo 1 de la serie coleccionable “Los Mundiales de Fútbol” (2010), del diario “La Nación”; y el archivo del Sistema Nacional de Bibliotecas, Sinabi. Videos de YouTube: FIFA TV y “Memorias del Fútbol. Fotografías e imágenes: Revista deportiva “El Gráfico” (Argentina), Twitter del Mundial de Fútbol, Sinabi, agencia EFE y archivo de Rodrigo Calvo.

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Tiene 41 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).