El abogado francés Jules Rimet, fue presidente de la FIFA durante 33 años, de 1921 a 1954. Aquí saluda a la afición uruguaya al llegar a Montevideo, a bordo del barco trasatlántico "Conte Verde", que llevó a las selecciones europeas al Mundial de Uruguay, en julio de 1930 (foto archivo de Rodrigo Calvo).

Hace 92 años, a finales de junio de 1930, el barco “Conte verde” zarpaba del puerto de Villefranche-Sur-Mer, en Francia, rumbo a Montevideo, Uruguay, con un ciudadano francés, llamado Jules Rimet, quien habÍa tenido la brillante idea de crear un Campeonato Mundial de Fútbol, e iba a ver cumplido su deseo con el torneo de Uruguay 1930.

Rimet era un hombre de bastón fino, pequeño, de gestos diplomáticos, pero de un gran temple y constancia. De esta manera ingresó con honores en la historia del balompié universal y de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) como el “padre” de la Copa Mundial, el principal certamen de selecciones nacionales de este popular deporte.

Este abogado de París, nacido el 24 de octubre de 1873 en Theuley Les Lavoncourt, se hizo sentir en el torneo olímpico de futbol de 1920 en Amberes, Bélgica. Allí, como aspirante único al carrgo, le fue encomendada la dirección interina de la FIFA ante la muerte en 1918 del anterior jerarca, el inglés Daniel Burley Woolfall.

Un año más tarde, el 1º de marzo de 1921, Rimet fue elegido en la presidencia del organismo y confirmado en su mandato por los miembros delegados de los países miembros de organismo. Para entonces, la FIFA contaba solo con 20 naciones participantes. Los británicos se habían retirado, mientras que Brasil y Uruguay tampoco formaban parte de la FIFA.

Ya desde el comienzo, su ambición y temperamento deseaban introducir una competición internacional. En su juventud fundó el equipo Red Star, de la periferia parisina, en 1897; más tarde fue nombrado presidente de la Federación Francesa de Futbol (1919 a 1945) y vicepresidente del Comité Olímpico Francés (1932 a 1947).

Con una energía sin igual y gran optimismo, Jules se dedicó en la FIFA a la realización de sus metas, a pesar de que tuvo que superar muchas trabas impuestas por gobiernos y federaciones para organizar el Mundial. En 1928 logró la aprobación del Campeonato Mundial que impulsaba con ahínco y dos años más tarde, en Montevideo, Uruguay, entregó por primera vez el trofeo de la Copa Mundial al capitán charrúa José Nasazzi, tras vencer 4-2 a Argentina en la final.

Luego Italia se adjudicó las dos siguientes ediciones, en 1934 y 1938. Pero la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial congelaron por unos años el sueño de Jules Rimet.

Tras la finalización del conflicto bélico, Rimet experimentó un honor especial luego de que la FIFA se volvió a reunir en el cónclave de 1946, en Luxemburgo. Allí se decidió que en 1950 se organizara la cuarta edición del Mundial en sedes de Brasil.

Precisamente, en Luxemburgo, se cumplió el 25 aniversario de la presidencia del francés en la FIFA y los delegados, por unanimidad, decidieron dar al trofeo el nombre de Jules Rimet, en reconocimiento a su gran labor al mando del órgano rector del fútbol.

Se podría hablar de una “Era Jules Rimet”, ya que logró organizar la FIFA y realizar, finalmente, el sueño de un Campeonato Mundial de Fútbol.

Al retirarse en 1954, al inaugurar la quinta Copa mundial en Suiza y tras 33 años de liderar al máximo organismo del fútbol mundial, Jules Rimet fue sustituido al frente de la FIFA por el belga Rodolphe William Seeldrayers, como su cuarto presidente hasta 1955, pues R. W. murió el 7 de octubre de 1955 en Bruselas, Bélgica.

Ese mismo año, el 21 de junio de 1954, Rimet aceptó su designación como el presidente honorario de la FIFA, pero rechazó en 1955 la propuesta para que lo nombraran el Premio Nobel de la Paz.

Cuando dejó su cargo en la presidencia de la FIFA dijo una frase lapidaria: “en el mundo del fútbol nunca se pone el sol”. En esa época, gracias a la gestión del modesto dirigente francés, la FIFA experimentó un auge increíble: Ya tenía 85 asociaciones miembros, había superado dos guerras mundiales, varias otras crisis y conservado su independencia.

Si el bueno de Jules reviviera para levantar la cabeza y ver la dimensión que alcanzó el fútbol y la Copa Mundial en la actualidad, el dirigente francés se sentiría muy orgulloso y realizado.

El “papá de los Mundiales”, Jules Rimet, falleció en Suresnes, una comuna en los suburbios del oeste de París, Francia, el 16 de octubre de 1956, dos días después de cumplir los 83 años de edad. Para ese momento, contaba con numerosos reconocimientos en su haber, entre ellos, destacaron el de la Legión de Honor y la Cruz de Guerra Francesa.

En el 2004, en forma póstuma, fue nombrado miembro de la Orden del Mérito de la FIFA, reconocimiento que fue recogido por su nieto, Yves Rimet. El gran mérito de su vida fue, indudablemente, que se le atribuya el honor de ser el creador indiscutible de la Copa del Mundo.

Galería de fotos: EL SOÑADOR JULES RIMET, CREADOR DE LA COPA MUNDIAL

El presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet (izquierda), entrega el trofeo a Raúl Jude, jerarca de la Federación uruguaya (foto archivo de Rodrigo Calvo).
El dirigente francés Jules Rimet, presidente de la FIFA y gestor principal de los Campeonatos Mundiales de Fútbol (centro, con gorra negra, en la segunda fila, de abajo hacia arriba), con tres de los cuatro seleccionados europeos que viajaron en el barco “Conte Verde” para intervenir en el primer Mundial de 1930, en Montevideo, Uruguay. Se trata de las delegaciones de Bélgica, a la izquierda; Francia, al centro; y Rumanía, a la derecha (foto archivo de Rodrigo Calvo).
Una fotografía del presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet (centro), con los aficionados al fútbol que se desplazaban en el barco italiano trasatlántico “Conte Verde”, que era de vapor, para estar presentes en el primer Campeonato Mundial de Uruguay en 1930 (foto archivo de Rodrigo Calvo).
El dirigente francés Jules Rimet, presidente de la FIFA, saluda a los aficionados uruguayos al arribar a Montevideo, a bordo del barco italiano de vapor “Conte Verde”, que llevó a las selecciones europeas al Mundial de Uruguay, a principios de julio de 1930 (foto archivo de Rodrigo Calvo).
El jerarca de la FIFA, el francés Jules Rimet, revisa documentación en la oficina presidencial del organismo en París, Francia, en febrero de 1927. La sede parisina fue la casa original de la FIFA desde la creación de la entidad rectora del fútbol en 1904 hasta 1932 (foto Museo de la FIFA/archivo de Rodrigo Calvo).
Carlos Alberto, capitán de Brasil, muestra al mundo la Copa Jules Rimet, ganada en propiedad en el Mundial México 1970 (foto FIFA/archivo de Rodrigo Calvo).

El ajetreado primer trofeo de la Copa Mundial: Jules Rimet

El primer trofeo del Campeonato Mundial de Fútbol fue puesto en juego desde el primer certamen de 1930, en Montevideo, Uruguay. Pero a partir de la cita de Brasil 1950 comenzó a llevar el nombre del promotor del certamen, el entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet, luego de la resolución unánime del Congreso de Luxemburgo, en 1946.

La pequeña obra, instituida por la FIFA, fue elaborada entre febrero y abril de 1930 por el escultor francés Abel Lafleur, a un costo de 15.500 dólares (50.000 francos suizos) y tras utilizar como materiales plata fina y oro macizo.

Es una estatuilla de 3,8 kilos de peso y 35 centímetros de alto, con una base azul elaborada con una piedra semipreciosa y placas de oro para grabar el nombre de sus ganadores desde 1930 hasta 1970, cuando Brasil capturó para siempre la “Diosa alada de la Victoria” sosteniendo una pelota. sobre una base de mármol que representa a una Diosa Alada, que simbolizaba la victoria, y con las manos en lo alto sostiene una taza de forma octogonal.

Se asienta sobre una base azul de marmol, de piedras preciosas con placas de oro en sus cuatro costados, con el propósito de grabar el nombre de los campeones mundiales de cada cuatro años, desde 1930 hasta 1970, cuando Brasil capturó para siempre a una Diosa Alada, que simbolizaba la victoria, y con las manos en lo alto sostiene una taza de forma octogonal.

“Quería que fuera de oro, no por ostentación, sino como símbolo. La Copa del Mundo debía ser la más importante de las manifestaciones deportivas y el oro es el símbolo de la primacía”, explicó Rimet.

Sin embargo, su historia ha sido tortuosa, ajetreada y hasta trágica, con dos robos que produjeron hasta su desaparición definitiva en la década de los años 80, del siglo pasado.

El primer incidente al que sobrevivió el trofeo Jules Rimet se produjo durante la Segunda Guerra Mundial, lapso en el que el ciclo mundialista de cuatro años se cortó y el trofeo debió ser conservado por Italia, bicampeón del mundo en 1934 y 1938.

El objetivo principal de la dirigencia italiana era salvarlo de los saqueos por el italiano Ottorino Barassi, vicepresidente de la FIFA y jerarca de la Federación del calcio en aquel entonces, quien lo retiró en secreto de un banco en Roma y lo escondió en una caja de zapatos, debajo de su cama, para impedir que los nazis se lo dejaran durante el conflicto.

Con la reanudación de los Campeonatos Mundiales en la edición de Brasil 1950, el trofeo voló a la tierra en que se anclaría en 1970 y desaparecería en la década de los años 80.

Precisamente, la copa fue conquistada en propiedad por la Selección de Brasil y se ganó el derecho de exhibirla para siempre en sus vitrinas, gracias a su contundente éxito en México ’70 y al sumar tres títulos mundiales, tras ganar en 1958, 1962 y 1970.

Pero antes, en 1966, cuando era exhibido en el Central Hall de Londres como parte de los preparativos del torneo mundialista en Inglaterra, desapareció cuando fue robada por primera vez y su salvador en aquella oportunidad fue un perrito llamado Pickles, que lo encontró enterrado bajo un árbol, tras los esfuerzos en vano de la Scotland Yard.

El fabuloso Brasil de Pelé maravilló en México 1970 y al sumar su tercer título pudo quedárselo y sacarlo del circuito de la rotación de la FIFA. La custodió hasta que un día, el 23 de diciembre de 1983, fue robada por segunda vez y desapareció de las vitrinas de la Confederación Brasileña (CBF), en Río de Janeiro.

Se supone que fue fundida y vendida sus materiales por los cuatro ladrones, todos argentinos: Hernández, Pereira (el cerebro de la operación), Vieira y Rocha. Según otras versiones diferentes del caso, el enigma se develó el 30 de diciembre de 1988 en los suburbios de Ipanema, donde apareció asesinado de siete balazos un nuevo personaje, Antonio Aranha, el hombre que presuntamente ideó y lideró el robo, pero sin cumplir con la repartición con sus cómplices, que esperaban parte del dinero de la venta del oro fundido de la Copa.

De todos modos, esa historia quedó de lado con el nacimiento del nuevo trofeo para la Copa Mundial de la FIFA para Alemania 1974. Actualmente, la asociación brasileña posee una réplica de la legendaria Copa Jules Rimet, que le encargó la FIFA.

La copa Jules Rimet fue robada el 20 de marzo de 1966 y siete días después, el perro Pickles la encontró en un jardín de Londres, Inglaterra. Aquí con sus dueños, el comerciante David Corbett y su esposa Jeanne, que recibieron una recompensa de 6.100 libras esterlinas y comida gratis para el can durante un año por una empresa británica. El héroe del Mundial de 1966 murió un año más tarde, ahogado con su propia correa mientras perseguía a un gato (foto archivo de Rodrigo Calvo).
Debido a que el trofeo original fue fundido y vendido por delincuentes en 1983, la copa Jules Rimet ganada en propiedad por la Selección de Brasil en la cita de México 1970 aparece con distintas réplicas en museos de fútbol, en varias partes del mundo (foto sitio web de la FIFA/archivo de Rodrigo Calvo).
Una réplica del trofeo Jules Rimet, ganadó por Brasil en México 1970. Así luce en el Museo de la FIFA, en Zùrich, Suiza (foto Museo de la FIFA).

FUENTES CONSULTADAS: Libro “Los Mundiales de Fútbol” (2010), de Rodrigo Calvo Castro; Tomo 1; Diario “La Nación”, de Grupo Nación S. A.; San José, Costa Rica; revista “El Gráfico” (Argentina); las agencias AFP, AP y EFE.

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Tiene 41 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).