Jewisson Bennet y Jafet Soto fueron los anotadores de la histórica victoria de Costa Rica 2-1 sobre Alemania en el Mundial Juvenil de Catar 1995 (foto del Informe FIFA del Mundial Juvenil Catar '95).

Por: Jafet Soto Molina (*)

Llegar a jugar hace 25 años entre los mejores futbolistas del mundo –menores de 20 años–, durante el Campeonato Mundial Juvenil de Qatar 1995, fue para mí una clara demostración de que no hay barreras que el jugador costarricense no pueda sobrepasar, si así se lo propone con humildad y sacrificio.

Catar ’95 fue una vitrina importantísima para todos. Nos abrió las fronteras en el exterior. Un Mundial bonito en el desierto asiático, de inolvidable convivencia entre pueblos hermanos de muy diversas y exóticas culturas.

Ahí aprendí que había que dar la máxima entrega cuando se juega lejos de la patria, y lo cierto es que lo dimos todo, hasta donde alcanzaron las fuerzas.

Ardua tarea

Ingresé en el seleccionado desde un principio del proceso, a comienzos de 1994, y a los cuatro meses de entrenar con la Tricolor, me dieron el chance de debutar en el primer equipo del Club Sport Herediano, algo que fue muy significativo para mí.

Portada del programa oficial del Mundial Juvenil Catar 1995. Era la segunda copa Sub-20 de Costa Rica en su historia, tras el de Arabia Saudita 1989 (foto revista “Noticias de la Conmebol” Nº 39, 1995).

A mí me recomendó mi amigo Freddy Chaves cuando Manrique Quesada estaba en el reclutamiento de jugadores por todo el país. Los integrantes se unieron poco a poco, pero al equipo, como conjunto, no le fue bien y se preparó a duras penas, con cero fogueos de calidad y nada de implementos adecuados para una Selección.

Recuerdo que antes de participar en la fase final en Honduras, enfrentamos una eliminatoria previa contra Panamá y todo resultó fácil, porque los goleamos sin misericordia (8 a 0 y 6 a 0).

Henry Duarte dejó el equipo al recibir una buena oferta de Limón. Fue entendible, entonces, lo que hizo porque posee buena preparación académica en Alemania y, además, la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol) nunca le brindó las facilidades mínimas para trabajar.

Luis Roberto Sibaja llegó a dirigirnos, a solo un mes de la eliminatoria. El equipo estaba casi listo; nos faltaba el fogueo y el más interesado en darnos esa preparación era el propio entrenador del Saprissa, Carlos Linaris.

Gracias a él, la Juvenil tuvo la opción de prepararse en el Mundialito organizado por el Saprissa, ya que pudimos jugar contra buenos equipos: el Independiente Medellín de Colombia (2 a 1), Flamengo de Brasil (1 a 4) y la Universidad Católica de Chile (0 a 3).

Llegamos a San Pedro Sula (Honduras) y afrontamos una eliminatoria difícil desde el principio, porque en el mismo grupo los organizadores hondureños nos ubicaron a México, ya que no querían que su Selección los enfrentara en la primera fase.

El primer partido fue contra Jamaica, un rival complicado desde el arranque, porque nos pitaron un penal y expulsaron a Léster Morgan, nuestro arquero titular. El equipo tuvo la fortaleza y, con diez hombres, volcamos el partido a un 3 a 1.

Jafet Soto (Nº 10) anotó este golazo de tiro libre al Medellín de Colombia, en el Estadio Nacional, durante un amistoso de la Selección Juvenil previo al Mundial de Catar 1995(foto archivo de Rodrigo Calvo).

Luego goleamos a Guatemala (5 a 1) y eliminamos a México (2 a 1), en un partido en que los sorprendimos con dos goles en los primeros 15 minutos, cuando a Jéwisson Bennett y a mí nos tocó anotar en desequilibrantes acciones.

Recuerdo que los mexicanos eran como leones heridos y se nos vinieron encima. Pero nuestro equipo sacó la casta y fue superior. Al final, nosotros celebramos y ellos se enojaron. Hubo una tremenda bronca que, por suerte, no pasó a más.

Ya en la segunda ronda, perdíamos 2 a 0 con Canadá y el equipo hizo la hombrada otra vez, para ganar 4 a 2. Nunca se me olvidará el gol que hice, desde media cancha, cuando bañé al portero canadiense con un tiro de izquierda.

Consolidamos la clasificación al Mundial Juvenil al igualar ante El Salvador (1 a 1) y cerramos nuestra actuación ante Honduras, en Tegucigalpa, pero no pudimos mantener el invicto y caímos por la mínima diferencia (0 a 1).

Sentimos gran satisfacción en aquella ocasión porque vencimos una serie de obstáculos que perjudicaron la preparación. Esa vez había muchos problemas con los clubes, al punto que viajamos con dos delegados que no se podían ni ver (Salvador López y Armando Acuña) e incluso habían empeñado los muebles de la Federación.

Un mundo de diferencia

La Selección no llegó bien al Mundial. Solo tuvimos tres partidos de fogueo en una triangular internacional a nivel Sub-23 en Emiratos Árabes Unidos, contra el equipo local (0 a 2), Egipto (2 a 2) y Marruecos (0 a 1). No ganamos un solo partido, pero siento que nos comportamos en forma aceptable.

La vergüenza apareció después. Por falta de apoyo federativo, fuimos el hazmerreír. No quiero que suene a excusa, pero nuestra indumentaria deportiva no era la mejor y se supone que si íbamos a una fiesta, debíamos ir bien vestidos.

Duelo en las alturas entre los dos números “10” de Costa Rica y Alemania, Jafet Soto y Frank Gerster, durante el Mundial Juvenil 1995 (Informe FIFA del Mundial Juvenil Catar ’95).

Mientras otros equipos lucían sus mejores galas, nosotros parecíamos pordioseros. Nuestro equipaje para mes y medio constaba de dos camisas, dos pantalonetas, un buzo y un par de zapatos para cada uno, además de la ropa que nos regalaron varios patrocinadores del Mundial.

Como anécdota recuerdo que tuvimos que utilizar parte de los viáticos para mandar a hacer un uniforme de juego, porque el que teníamos se destiñó cuando lo lavaron después de los partidos en Emiratos. Sin embargo, en la tienda deportiva de Catar se equivocaron y no escribieron biern los apellidos en las camisetas. La empresa, acongojada, nos regaló las pantalonetas, que usamos en uno de los juegos del Mundial. Mi expresión esa vez fue que “¡ojalá esto no vuelva a suceder!”

En el primer juego con Australia se puso en evidencia la falta de fogueo, además de lo duro de debutar con un equipo fuerte, y perdimos 2 a 0. Creo que resentimos la ausencia en la zaga de Alfredo Morales, lesionado en Emiratos Árabes Unidos.

El siguiente reto era Alemania, en un partido de vida o muerte. Salimos decididos a ganar y lo logramos, 2 a 1. Jéwisson Bennett conquistó el primer gol, en tiro de penal, pero a mí tocó la suerte de convertir un increíble segundo gol, que aún tengo grabado en mi retina.

Me encontraba por la derecha y Hárold Wallace me envió un pase filtrado al espacio; logré adelantarme por velocidad a un defensa y, desde la esquina del área grande, la curveo y meto la bola al ángulo derecho del buen portero alemán (Simon Jentzsch), quien, por cierto, evitó una goleada en su marco.

En el último partido fuimos superiores a Camerún. No me explicó cómo fuimos a caer, 3 a 1 (espectacular gol de Jéwisson Bennett, al eludir tres rivales). Si hubiese habido justicia, deberíamos haber ganado. El punto clave fue cuando fallamos un penal, pero al igual que lo erró Jéwisson, yo pude haberlo fallado también.

Este equipo de Sibaja fue un grupazo. Estábamos muy unidos en el objetivo y eso fue muy importante. No llegamos muy lejos en Qatar 95, pero al menos quedamos en el décimo lugar, el más alto alcanzado hasta entonces por Costa Rica en un Mundial, dentro de su rica historia mundialista.

(*) Relato adaptado del testimonio de Jafet Soto Molina publicado hace 23 años en el fascículo 9 de los “Tiempos de Selección”, del diario “La Nación”, el 13 de mayo de 1997.

Los seleccionados de Argentina festejan con una bandera y el trofeo de la FIFA, tras ser los merecedores campeones mundiales de Catar 1995, tras vencer 2-0 a Brasil en la final en Doha (foto revista “Noticias de la Conmebol”, de abril y mayo de 1995).
Artículo anterior“Cuty” Monge: el jugador más joven en la ‘Tricolor’
Artículo siguienteAquella gran generación tica que frenó a Alemania
Tiene 41 años de ejercer el periodismo deportivo. Estudió en la Universidad de Costa Rica, graduado en 1989. Laboró en Radio Monumental, Deportes Repretel y la oficina de prensa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Estuvo ligado por tres décadas al Grupo Nación, en la revista deportiva “Triunfo” y los periódicos “Al Día” y “La Nación”. Ha colaborado para medios especializados de la FIFA y en Centroamérica, Caribe, México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Argentina, Brasil, España e Italia. Obtuvo el Premio Nacional “Pío Víquez” de Periodismo en el 2007 y dos veces el Premio “Jorge Vargas Gené-Óscar Cordero Rojas". Su especialidad son temas de historia y estadística del deporte nacional e internacional. Desde 1995 escribe la columna “Buzón de Rodrigo” y desde 1989 es corresponsal del semanario deportivo “France Football” de Francia. Integra la Federación Internacional de Historia y Estadísticas de Futbol en Alemania y a partir del 2007 es miembro del jurado mundial del “Balón de Oro”, de la revista “France Football". Escritor de múltiples obras deportivas, como la colección "Aventura Tricolor: Mundial de Italia 1990, "Tiempos de Selección" (1997), "La Copa Mundial de Fútbol (1998), "100 años de Deportes" (1999), "Huellas del Fútbol Tico" (2009), "Legionarios" (2012), "CSH-100: ¡El equipo que nació Grande! 1921-2021" (2021) y "Crónica del Centenario 1921-2021" (2021).