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Por: Lic. Pedro Beirute (*)

Pedro Beirute, abogado y notario público, fue presidente de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol) en 1998 (foto archivo de Cronica.cr).

Las pobres actuaciones de los clubes del fútbol costarricense en el Torneo de Clausura, aunado a las recientes y tempraneras eliminaciones del Saprissa y Herediano ante los respectivos clubes mexicanos Tigres y América en la Liga de Campeones de la Concacaf, me causan preocupación y ameritan una reflexión sobre las causas de su bajo nivel de juego, que compartimos en las siguientes líneas.

DAN GANAS DE LLORAR

Me decía un buen amigo “que ver el fútbol nacional da pena, lástima y ganas de llorar”. De inmediato le cuestioné, entonces, que ¿por qué no hacía otra cosa que ver esos partidos, si tantas ganas de llorar le daban? Me respondió: “Porque no tengo otros partidos internacionales que ver, y soy un fiebre masoquista; es decir, me gusta sufrir”.

Luego, intercambiando puntos de vista con otros amigos, llegué a la conclusión de que la mayoría de nosotros somos entrenadores, jugadores, árbitros, asistentes de cuerpo técnico y, lo peor, directivos de equipos.

Vladimir Quesada, técnico del Saprissa, sufre el pasado 21 de febrero la goleada 5-1 de los morados contra el América mexicano, por los octavos de final de la Liga de Campeones de la Concacaf. La afición tibaseña pidió esa noche su salida del banquillo y pidió a gritos a su sustituto: el exjugador y técnico Wálter “Paté” Centeno (foto sitio web de Univisión Deportes).

NUESTROS ENTRENADORES

Sería bueno que la prensa misma, radiofónica o televisiva dedicara buenos espacios luego de las fechas futboleras, o bien al inicio de un campeonato, a informar al público sobre los atestados de quienes entrenan en nuestro país, y no solo en la Primera División, sino en la de ascenso también.

Quizás eso hubiese puesto las barbas en remojo a la directiva del Deportivo Saprissa o bien a su gerencia general, para no haber cometido el craso error de nombrar al asistente del entrenador renunciante Carlos Watson, el joven Vladimir Quesada, como su entrenador principal. Ese error les costará el campeonato actual y sólo serán campeones si Herediano, Alajuelense o el cuarto invitado (entre los llamados clubes pequeños) se dejan en la recta del certamen.

Y no porque dicho muchacho no esté capacitado. Desde luego que lo está porque lleva varios años en este oficio y tuvo que haber aprendido del maestro Watson. Se ve decente, sincero, aplicado y controlado en su carácter, algo que es fundamental para dirigir a sus pupilos en los momentos tristes de la derrota o eufóricos del triunfo. Sino por cuanto sencillamente no tiene todavía el título de director técnico de fútbol que lo acredite como tal. Esta situación le resta concentración en el banquillo para ser un alumno de los buenos y obtener su licencia A con el fin de ser entrenador con todas las de la ley.

¿Cómo a un equipo grande se le va este hecho? Bueno, se dice que “al mejor mono se le cae el zapote”. Y eso suele pasar. Lo primerito que debieron haber constatado es si estaba titulado.

Para ese error mejor hubiesen nombrado a Víctor Cordero, quien sí tiene los atestados académicos para ser el entrenador de los morados. No puede ser que Vladimir sólo ponga el nombre –en el puesto de estadígrafo– y no su imagen.

Por su lado, Cordero se la ha jugado como los grandes apechugando las derrotas de su equipo con manifestaciones claras, maduras, resignadas y sabido que le está constando mucho al Saprissa esos errores infantiles. Ya lo verán.

A los entrenadores les sugieren, los amigos indicados, que por favor vean fútbol internacional y aprendan de los grandes, a hablar, a expresarse, a ser claros en sus ideas. A no quejarse de los árbitros, a ser humildes aceptando las derrotas con hidalguía, a vestirse…

No todos, desde luego, sino algunos visten como entrenadores. No se les pide traje entero y corbata en Limón o en Guanacaste. Deben tener “glamour”, elegancia, conocimientos, verbo y a recordar siempre que sus alumnos, sus hijos en la cancha, los imitarán en sus malacrianzas, sus gritos y su desesperación.

El clásico provincial entre el líder del
Clausura, Herediano, ante Alajuelense (1-1) resultó emocionante y parejo por la fecha 14 del certamen, en duelo celebrado este sábado 3 de marzo en el estadio Eladio Rosabal Cordero, de Heredia. En la jugada, el joven liguista Daniel Villegas remata ante la marca tardía del lateral florense Jhamir Ordián (foto Facebook de Alajuelense).

NUESTROS JUGADORES

“Pobrecitos” decían los contertulios en los programas de radio del pasado. “¿Por qué?”, preguntaban otros. Bueno porque simplemente, muchos de ellos, la mayoría, no saben jugar fútbol. Y nadie los enseña.

Sería bueno, entonces, que los mismos entrenadores permitan algunas veces a la prensa participar de sus entrenamientos, para ver si ciertamente les enseñan a patear con certeza, a rechazar de cabeza, a saltar, a burlar al contrario, a manejar tiempos, etc. Injusto sería decir que todos o la mayoría no saben jugar, ni técnica ni tácticamente. ¿Qué es eso?

LA TÉCNICA

Es saber parar el balón con el pecho o el pie y que la bola no se le vaya un par de metros. A la mayoría no les enseñan eso. Vayan apuntando en una libreta cuando vean cualquier partido esa falta de técnica. Cabecear, bueno, es impresionante cómo algunos delanteros son “los mejores defensas” del contrario.

Y patear a marco…lo mismo, pues repasando el partido de la fecha anterior entre Santos y Saprisa (los guapileños vencieron 1-0), no es posible aceptar que un futbolista como Christian Bolaños patée frente al marco y la bola se vaya al tiro de esquina. Recoge de nuevo y la saca del estadio.

Y Bolaños es de los legionarios a quien le podemos excusar eso, porque la cancha es sintética, no se ha enchufado con su equipo o juega desganado, cuidando el Mundial ruso que se aproxima. La técnica deja mucho que desear.

El duelo Santos-Saprissa (1-0), el pasado 25 de febrero en Guápiles, mostró las carencias moradas y una expulsión tonta de su capitán Daniel Colindres. En la acción, el lateral santista Alexis Gamboa controla el balón ante lo morados Michael Barrantes (izquierda) y Jaylon Hadden; atrás, el local Diego Díaz (imagen de Photo Media Express/Facebook del Saprissa).

LA TÁCTICA

Dentro de la táctica está el saber marcar, decían algunos. Dame un ejemplo, les pedí. Bueno, observen cada tiro de esquina. Se matan entre ellos. Se codean, se insultan, se golpean, se pellizcan, se escupen. ¿Y la bola? Nadie se da cuenta de la misma. Los defensas son entrenados para jugar fútbol americano.

Sí, a marcar el cuerpo del contrario. Se desorbitan. Persiguen al contrario y ni siquiera saben por dónde anda la bola. Por Dios, decía otro, si es tan sencillo ver el fútbol italiano, inglés, español y alemán, entre otros. Acaso eso se ve en los tiros de esquina. Se verá ocasionalmente, pero no como una táctica fija. Ni qué decir cuando se vuelven locamente correlones.

FALTA DE CONTROL E INTELIGENCIA EMOCIONAL

Observar en la jornada 13 del Torneo de Clausura 2018 a un Porfirio López (Alajuelense) y Daniel Colindres (Saprissa) expulsados tontamente, el pasado domingo 25 de febrero, sí dan ganas de llorar. ¿Quiénes los asesoran? ¿Quiénes los dirigen? ¿Quiénes? ¿Por qué pierden su control?

Bueno, recordamos que por ahora Saprissa no tiene entrenador legalmente nombrado. Todo eso amigos, tiene que ver al final de cuentas. Este domingo 4 de marzo, no se vio una buena versión del Saprissa ante el Cartaginés y se valió en un error defensivo del rival para capitalizar un triunfo agónico (1-0).

Me cansé de oír solo puntos negativos, y me concentro en la Selección Nacional, que por ahora estoy seguro hará un papel decoroso en el Mundial de Rusia 2018. Seguiremos hablando…

(*) Lic. Pedro Beirute es abogado y notario público; fue el presidente de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol) en 1998.

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